miércoles, 5 de septiembre de 2012

El Nombre Propio; Capítulo 5: Ligero trote

Aún frenético por el combate, y entusiasmado por la victoria, salí de aquel edificio a medio construir, para sorprenderme de la agradable lluvia que caía, ligera y fresca, completamente ajena a la situación. Agradecí que así fuese, pues aunque luego pudiese pasar frío, en ese momento la lluvia calmó en parte mi dolor, e hizo, de algún modo, mas llevadero el asimilar lo que estaba ocurriendo. La lluvia, además, podría servirme para amortiguar mi ruido, pero algo me decía que esto no sería tan útil como cabía esperar. Sin perder mas tiempo inicié mi marcha, evitando calles concurridas o con comercios, y adentrándome más por callejones, logrando así evitar grandes grupos de Inerciales, al menos en su mayoría. Como no podía ser de otro modo acabé por encontrarme otro Inercial, por suerte solo de nuevo, que parecía estar festejando sobre lo que otrora fuese una persona. Me acerqué con cautela, y de nuevo aquel cuerpo desfigurado por una burla de expresiones humanas no pareció reaccionar ante mi presencia, al menos hasta que me acerqué a cierta distancia, mucho después de que pudiese verme, y algo antes de que pudiese oírme, una vez mas, al posar mi pie sobre el suelo, noté como si algo se rompiese en el aire, como si hubiese hecho explotar una burbuja por entrar en ella. La figura se volvió hacia mí, en posición amenazadora, mostrando sus ensangrentados dientes, y extendiendo las manos como si de garras se tratase, pero esta vez no le permití atacar, sabía lo que iba a hacer, no podía permitirme el beneficio de la duda, así que no lo hice. A la par que el se volvía, yo ya había iniciado mi carrera, apenas un par de pasos, seguidos de un salto, y allí, en el aire, con el brazo derecho atrasado portando la lanza, y el izquierdo adelantado para mantener un equilibrio, en ese segundo en el que giraba mi cuerpo, en ese instante en el que adelantaba mi brazo precedido por lo que utilizaba como lanza, en ese momento en el que el metal atravesaba el pecho de aquella figura para surgir mas abajo por su espalda, en ese preciso instante no hubo piedad en mi ser. No os pido que lo aceptéis, ni tan siquiera que lo entendáis, pero aquello para mí ya no era humano, ni animal siquiera, un animal no mata a otro sin necesidad y festeja sobre su cadáver, aquello para mi no era mas que una forma violenta de escoria, que se guiaba por sentimientos violentos y vacíos. Aquello no eran personas que buscaban sobrevivir, no estaban intentando subsistir, no se trataba de eso, ahora carecían de razones más que la pura violencia, o al menos así los consideraba. De algún modo, después de este corto enfrentamiento me sentí bien, en el primero había comprobado que aquello ya no era humano, y en este había asegurado que nada me impedía enfrentarme a ellos, y que eran fáciles de vencer, al menos solos  y por sorpresa.

Me puse en pie tras la caída, y miré a mi alrededor para comprobar que no se habían acercado mas Inerciales por el revuelo. Quizás si no hubiese estado atento a otras cosas me habría percatado de que veía todavía mejor que antes, no se trataba de que mis ojos se adaptasen a la oscuridad, se trataba de otra cosa. Quizás si no hubiese continuado mi marcha al instante, o si no hubiese estado acompañada por el ruido sordo de la lluvia me habría dado cuenta de que aquellas débiles notas qué habían comenzado a sonar hacía poco, eran ahora mas fuertes y claras, que resonaban en mi mente, de fondo, aún difíciles de percibir, pero más fuerte que antes. Lenta y dulce, la melodía me acompañaba en mi ligera marcha, como haría siempre a partir de entonces.


Gracias por leer, y hasta que el viento os traiga de vuelta.

No hay comentarios:

Publicar un comentario