El mundo despierta horas antes de que yo lo haga, pero no es algo que me preocupe. Cuando me digno a despertar, mas por el ruido exterior que por iniciativa propia, el espejo me devuelve un rostro cansado y somnoliento bajo una maraña de pelo blanco. Ese incómodo color de pelo siempre ha estado conmigo y pese a que al principio me lo teñía acabó por dejar de importarme, no así al resto del mundo.
Una vez salido de la ducha mi rostro presenta mucho mejor aspecto, y tras vestirme miro el reloj para descubrir que sorprendentemente estoy a tiempo de decidir si quiero ir a clase o no. Considero que no tengo nada mejor que hacer y me inclino por la primera opción, dirigiéndome a coger un autobús. En el largo viaje me da tiempo a pensar en todo y en nada , el mundo que me rodea cada vez me resulta mas inestable, lo siento menos real, como un sueño vívido o una lectura en la que te enfrascas. Todo a mi alrededor parece poco mas que papel pintado acompañado de un ruido sordo, como si pudiese rasgarlo y descubrir la realidad que hay debajo.
Entretenido con estos pensamientos llego a clase, a punto de entrar en ese desagradable edificio con la fachada de roca gris, pero entonces como si alguien hubiese oído mis plegarias ocurre un cambio como el que yo deseaba. El sol se apagó.
Así, sin mas, simplemente aquel Jueves a las 5 de la tarde el sol dejó de brillar, sin tan siquiera una explosión o un gran "Boom", solo dejó de lucir y al mirar al cielo ya no estaba ahí. En ese momento algo despertó dentro de mi, al irse el sol el mundo de pronto se volvió real, todo lo que unos segundos antes apenas era el reflejo distorsionado en la superficie de un lago pasó a parecerme completamente real, como el despertar de un sueño en el que el mundo deja de estar distorsionado y se torna tangible.
Cuando la euforia de aquel despertar acabó, descubrí que a diferencia de mi el resto de la gente se había dejado llevar por el miedo. Algunos simplemente comenzaron a huir sin ningún destino claro, salvo acaso refugiarse en sus casas, pero una gran parte reaccionó de forma diferente. Quizás también por el miedo, o tan solo por la avaricia iniciaron los disturbios y los saqueos. Muy rápido, mucho más de lo que cualquiera pudiera haber pensado, en apenas unos minutos estaban rompiendo escaparates y desvalijando tiendas.
Empezaron uno o dos, pero rápidamente otros se dejaron llevar por la inercia y se les unieron, y poco después comenzaron a asaltar a la gente y pelearse entre ellos, comportándose mas como hienas que como hombres.
Y yo me encontraba ahí en medio, mas despierto de lo que había estado nunca y con una sola idea en mente: "pasar por casa".
De alguna forma sabía que este cambio era permanente y tardaría algún tiempo en estabilizarse un poco, y para sobrevivir, tanto hasta ese momento como a partir de entonces necesitaba prepararme un poco, pero para poder llegar hasta mi casa necesitaría alguna forma de defenderme por si me atacaban aquellos "inerciales" como comenzaría a llamar a aquellos que se habían dejado llevar por la agresividad. Decidí entrar en un edificio en construcción situado a mi derecha, y tras buscar u poco encontré un tubo sólido de metal con un extremo cortado en diagonal que le daba cierta punta. Antes de volver a la calle decidí subir al piso superior de aquel edificio. Observé las calles de alrededor y me hice un plano mental del mejor camino hasta donde pude ver, evitando tiendas que estuvieran saqueando o que pudieran querer saquear. Me sorprendí de lo bien que veía teniendo en cuenta que tan solo las estrellas iluminaban la noche, así como del hecho de que no hacía tanto frío como debería.
Me permití sonreír, tanto por la situación como por las expectativas de como iba a evolucionar.
Gracias por leer y hasta que el viento os traiga de vuelta.
No hay comentarios:
Publicar un comentario