miércoles, 8 de noviembre de 2017

Sin hacer ruido

Me marché sin hacer ruido, igual que el amanecer se lleva a un mal sueño.
Porque supongo que eso es cuanto soy al fin y al cabo. Un mal sueño.
Mis recuerdos desaparecieron con la misma levedad poco después.
Nada quedó de mí, como si jamás hubiera estado allí.
Mi mayor temor resulta ser también mi mayor virtud.

Es curioso como mis pasos pueden sonar tan livianos cuando mis pies pesan cuales piedras.
Me giro y miro atrás. Tú ya no miras. Y aunque duele, sonrío, porque supongo que es mejor así.
Si las palabras tuvieran peso moriría ahogado con tu nombre en la garganta, pero en su lugar
me aplastarán las pilas de papeles en las que guardo los recuerdos que ya no existen, los que
atesoro más que a mi propia vida.

La soledad es una terrible compañía, y a medida que hunde su cuchillo en mi pecho las memorias
brotan con un realismo exasperante. ¿O son los recuerdos los que empuñan la hoja?
La sangre sobre el papel traza finas líneas, describiendo las imágenes que de nuevo se presentan ante mis ojos.
Tu rostro se acerca al mío. Siento la calidez de tu aliento. Mi pulso se acelera al contacto de tu piel.
El cuchillo se retuerce.
El negro sustituye a las imágenes. Tu ausencia me golpea como un mazo en la cabeza. Me siento perdido,
entumecido, asustado... En mi mente brota la duda: ¿por qué me fui? La respuesta que me ofrezco no facilita las cosas.

Me peleo con las sábanas. Vuelven a estar manchadas de sangre. Restos de la batalla de anoche.
Trato de buscar razones para enfrentarme al día, pero el silencio es mi única respuesta.
Al mirar al espejo el asco me devuelve la mirada.
Cada día peor que el anterior. Cada noche aún más terrible. Ya no quedan recuerdos en los que esconderme,
ya no quedan voces que me acaricien.
Ya no puedo soportar odiar cada calada de aire que tomo.
Así que me marcho sin hacer ruido.

lunes, 18 de julio de 2016

Una bola de fuego a la cara

Salgo del baño, con una toalla en la cintura y secándome el pelo con otra. Afuera aún reina la oscuridad y una leve llovizna golpea las ventanas. Entro en la cocina, modesta pero acogedora, y me dirijo directamente a la cafetera. El filtro, el agua, el café molido... ¿dónde está el café molido? Caigo en la cuenta y una disimulada sonrisa se dibuja en mi rostro. Echo a andar hasta la habitación y, al verla tumbada en la cama, aún dormida, la sonrisa deja de ser disimulada.
Me reclino y la beso suavemente. Ella, sin abrir los ojos busca mis labios con los suyos, y después se queja.
-Mnph ¿Qué quieres?-
-¿Te acuerdas de dónde dejaste ayer el café?-
-No lo sé, no me acuerdo.- Se niega a abrir los ojo y se gira, dándome la espalda.
En ese momento su pelo parece una mancha de tinta negra sobre la almohada, y la línea de su cuello me parece lo más bonito que he visto nunca.
-Atenea, tengo que irme a trabajar...-
-No te vayas, quédate aquí conmigo.-
-...y tú tienes que ir a clase.-
-Dah, las clases de hoy son un coñazo, el profesor es imbécil... Además, qué diligente eres siempre con eso de ir a trabajar, ¿has ligado con alguna compañera?- Pregunta con voz juguetona.
Me río.
-Para nada. Sabes perfectamente que eres la única con tan mal gusto.- Digo bromeando. En cuanto oyes eso te enderezas, sentándote en la cama al tiempo que me miras fijamente a los ojos. Pones tu mano en mi nuca, la subes enredándola en mi pelo, me traes hacia ti y me besas. Al separarnos te aproximas a mi oído.
-No te permito que digas esas tonterías.- Me susurras.
Te echas hacia atrás, tirando de mí, haciéndome caer sobre la cama.
-Hoy vas a llegar tarde al trabajo.- No es una pregunta, es una afirmación, me estás informando de tu decisión. Te doy un largo beso.
-Está bien, me deben un montón de días libres.- Sonrío, sonríes.

Gracias por leer y hasta que el viento os traiga de vuelta.

martes, 23 de febrero de 2016

El eco de mi voz

Ahí estás de nuevo, tratando de asumir la realidad. Pues resulta que por mucho que ella trate de negarlo, ya no forma parte de tu vida. Ahora puedes llorar, puedes rezar a mil dioses que no existen, susurrarle a divinidades en las que no crees, pero nada va a cambiar. Suplícale al karma, a la suerte, al azar o al destino, o a como sea que quieras llamar al orden natural que desees que rija el mundo, suplícale una oportunidad futura, pídele paz, descanso, una salida de la realidad.
Pero no hay salida.
La única puerta es plata y carmesí, es parda y azul, es unidireccional, y ni tan siquiera puedes tomarla. Porque en el fondo te sigues alimentando de esa pequeña esperanza, porque quieres que todo tenga un significado, crees que puedes darle un sentido a tu vida, lograr que alguien sea feliz...
Hacer a alguien feliz, una idea absurdamente ambiciosa para quien apenas se mantiene en pie.
Así que dime, ¿qué vas a hacer? ¿Vas a esperar y rezar por que todo se solucione de algún modo? ¿A que el tiempo sane las heridas? ¿A acostumbrarte al dolor? En ese caso tengo malas noticias para ti.
El tiempo no hace nada solo, y tampoco vas a conseguir tomar una resolución definitiva. En algún momento estarás completamente convencido, tendrás claro qué tienes que hacer, y te creerás invencible, y al momento siguiente serás incapaz de ver luz alguna. Porque la vida es dura. Porque la vida duele. Porque son todas esas cosas las que hacen que merezca la pena.
Harás daño a la gente que te rodea, quieras o no, te sentirás miserable por dañar a quien más amas, y te preguntarás cómo siguen a tu lado, y toda esa gente te hará daño a ti, quieran o no.

Es normal que estés triste, es normal que te sientas solo... vacío. Fue mucho tiempo y ya no está, lo extraño sería que estuvieses bien. Te duele más a ti que a ella, eso también es normal.

Pero todo irá bien, al final todo irá bien. Todo se acabará de un modo u otro, y entonces todo dará igual, así que lo importante es el camino hasta entonces.
Los dos sabemos que nunca la olvidarás, son demasiadas cosas juntos, demasiadas experiencias, tantos momentos buenos, tantos momentos malos, tantas cosas que te ayudó a superar... demonios, ¿cómo no ibas a echarla de menos?

Ella ya no está, pero tampoco se ha ido. Acabará marchándose, de ti depende cuanto tarde en hacerlo. Repito, no hay resoluciones definitivas, habrá momentos buenos, momentos malos y momentos terribles, la idea es hacer que merezca la pena... Que con el tiempo los primeros vayan siendo más numerosos que los segundos y los terceros.

Maldito estúpido, deja de llorar por que la caja de bombones se acabó, que vas a estropear la de galletas. Está bien, no es lo mismo, las galletas no son tan dulces, no son tan agradables... Pero son un sano desayuno para comer a diario, y tienden a durar más.

Mi pequeño niño idiota, sé lo mucho que duele, conozco tu miedo, tu desesperación. Sé lo tangible y abrumadora que es esta soledad, pero necesitas salir adelante... necesitas levantarte, necesitas querer hacerlo...
Venga maldito estúpido, si no alzas la cabeza no podrás ver todas las manos que te tienden.

Tu vida nunca volverá a ser igual, nada lo será, y nada lo es jamás. Y nunca serás igual de feliz que fueses con ella, no serás más... o menos, sencillamente... distinto, y no hay nada malo con ello.

Te topaste con una persona maravillosa, y desafortunadamente no estuviste a la altura. Quizá algún día llegues a estarlo, y muy probablemente jamás puedas comprobarlo, pero esa esperanza sigue ahí, y costará mucho librarse de ella.

Nada de esto es fácil, las cosas valiosas raramente lo son. Mucho ánimo "boboso" (como diría ella), tienes una dura batalla ante ti, pero ambos sabemos que tienes mucho que ganar y rendirse no es una alternativa.

Sé que te lo digo poco a menudo canijo, pero te quiero. Has crecido mucho y muy rápido, por fuera y por dentro, y no suelo ser demasiado amable contigo, pero te quiero.

Necesitamos estar en paz, hazme un favor y da lo mejor de ti de ahora en adelante, no podemos permitirnos demasiados errores.

Volveremos a hablar pronto, no dudo que lo necesitarás, pero me alegra que ahora estés en paz.

miércoles, 2 de septiembre de 2015

Un poco de trabajo extra

Se encontraba en una esquina del mismo tugurio de mala muerte al que siempre acudía, resguardado en una sombra, observando el gentío. No tendría nada que hacer hasta bien entrada la noche, cuando un grupo de compañeros y él mismo pretendían asaltar la ciudadela de turno (asalto, masacre de demonios, saqueo, lo normal) por lo que disfrutaba de la bien merecida tranquilidad de la tarde.

Un goblin se le acercó. No había estado deambulando por el local, había entrado en él, lo había buscado con la mirada, y había ido en su búsqueda inmediatamente.
-¿Qué quiere'?- Preguntó con la voz arrastrada y los problemas de pronunciación que los enormes colmillos que salían de su boca le provocaban a cualquier trol.
-¿Eres Doraljo? Tengo un negocio que proponerte.-
-Teh e'cucho.- Sus ojos se afilaron. El goblin vestía ropajes de tela, sofisticados y con inscripciones en lo que debía ser pandemónium, probablemente para ayudar a recordar los complicados versos que debería recitar para invocar los terribles poderes que aquél pequeño brujo (dedujo) usaría en combate.
-He oído miles de nombres que comparten tu profesión, seguramente cualquier de ellos podría librarse del... asunto que traigo entre manos por mucho menos dinero del que te ofrezco ahora, pero me han dicho que es a ti a quien debo recurrir si quiero enviar un mensaje.-
Una perturbadora sonrisa se dibujó en el rostro de Doraljo, acentuada aún más por la presencia de aquellos enormes colmillos.
-Dime el nom'bhe y pehcio que ofreces.-
El goblin echó mano de una bolsa de oro.
-El precio serán 120mil monedas de oro, y en cuanto al nombre... seguro que lo reconoces.-

Doraljo desayunaba tranquilamente como cualquier mañana (un café de roca negra y un nutritivo puro de hierba tauren) mientras leía el tablón de noticias en busca de alguna información acerca de la remodelación de la ley de aviación (artículo 6.2.2) que legalizaría el vuelo en las zonas exteriores de Draenor fuera de las rutas ya pre-establecidas por los sistema de transporte oficiales. El asalto de la noche anterior había sido satisfactorio, habían logrado acabar con un buen número de demonios, y pese a que ni había encontrado nada útil en los alijos saqueados, al liberar su rabia contra una ardilla que casualmente pasaba por allí había descubierto un buen par de hombreras en su cadáver.
De pronto, una sonrisa de complacencia se le dibujó en el rostro. Apartó algunos papeles, y cogió la noticia para leerla mejor.

"Un importante elfo de sangre, magnate de la joyería, había amanecido asesinado en las calles de Lanza de Guerra. Aunque no tenían ningún indicio del culpable, se achacaba a algún tipo de venganza dentro de la mafia, pues el cadáver había aparecido rodeado de innumerables mesas de festín que dibujaban en el suelo la palabra <<deudor>>."

Texto en honor a Jokin Doral. Feliz cumpleaños.

Gracias por leer, y hasta que el viento os traiga de vuelta.

jueves, 11 de junio de 2015

Estásis

Los rayos desgarraban el cielo al tiempo que la lluvia lamía los harapos a los que llamaba piel. Se retorció en el suelo, dándose cuenta de cómo el charco de sangre se disolvía entre gotas y lágrimas. Sintió el crujir de sus huesos cuando trató de ponerse en pie, logrando poco más que el dolor al que ya estaba acostumbrado. Agradeció que lloviese, y se le humedeciesen los labios destrozados tras innumerables días de sol y calor.
Notó cómo el agua llenaba las cuencas de sus ojos, burlándose del deterioro de su cuerpo. Y por primera vez desde hace mucho tiempo, sintió cómo el frío provenía desde el exterior y no el interior de su pecho, donde guardaba aquella negra y apaleada masa de carne inerte a la que se permitía llamar corazón.
Pero el mayor dolor que soportaba no provenía de su maltrecho cuerpo, si no de su enferma y lastimosa mente, que le había azotado una y otra vez con el pesar y la culpa, empujándolo al abismo de terror y desesperación en el que se encontraba. Ya no recordaba a qué le tenía miedo, no sabía de qué era culpable, ni de dónde provenía la tristeza que lo asolaba. No recordaba ningún estado anterior, si bien sabía que lo había habido. Tampoco recordaba su rostro, o el color de sus ojos, allá cuando los tuviera.

Alguna vez lograba recordar una imagen o idea aislada, lo que resultaba en poco más que una aguda punzada en lo profundo de su pecho.
Hacía mucho que no oía a nadie. Sabía que era capaz de oír, pues percibía el sonido de la lluvia en las raras ocasiones que ésta sucedía, pero no recordaba haber oído otra cosa alguna vez. Siendo incapaz de articular él mismo palabra alguna, y ante la ausencia de una fuente alternativa de tal recurso, había olvidad el sonido de una voz, pero era consciente debido a los recuerdos que ocasionalmente lo asaltaban de que en otro tiempo dos palabras podían hacerlo feliz.
Era consciente de que no era mudo, y de que era capaz de ponerse en pie, pero no lograba reunir la voluntad o motivación para hacerlo.
Cuando aún le importaba, había contado el salir y ponerse del sol decenas de miles de veces, y sabía que había pasado tal periodo más de cien veces, pero ya no sabía cuanto más. A él le parecía la eternidad.

Algo le sobresaltó, algo había golpeado el suelo y no había sido él mismo. Ahí estaba de nuevo, un golpe amortiguado de algo plano... ¿pasos?¿estaba oyendo pasos?
No podía ser, nunca había pasado nadie por allí, y nunca lo haría, su mente estaba engañándolo. Pero ahí estaba de nuevo, otro paso, aún a pesar de que sabía que no era posible. Su mente había encontrado una nueva forma de divertirse torturándolo. Los pasos seguían, lentos y pausados, con suficiente tiempo entre uno y otro como para que siempre estuviese seguro de que eran imaginarios antes de oír el siguiente.

Comenzó a rezar, a suplicarse a sí mismo que se detuviese tal tortura, deseando una muerte que nunca le alcanzaba.

Gracias por leer, y hasta que el viento os traiga de vuelta.

viernes, 15 de agosto de 2014

Sol y lluvia

Inspiró hondo, a la par que sentía la hierba fresca y la tierra húmeda bajo sus pies. Bajo un sol enorme disfrutó de todas y cada una de las gotas que golpeaban su cuerpo, de cada ráfaga de viento que hacía ondear su cabello, del contraste del frío de las gotas y el calor del sol.
Se giró sobre si mismo, observando el paisaje mientras sonreía con ingenuidad. No le importó si eran las nubes de lluvia lo que cubría sus ojos, o era la luz de aquel gigantesco sol. No le importó que parte era real y cual imaginaba, no sabía si su cuerpo acabaría por helarse, o acabaría abrasado, simplemente disfrutó de mezclar las dos, de sumergirse en la locura, pasar capa tras capa, atravesándolas todas en orden y a la vez, dejó reinar al caos.
Y entre todo ese caos, en el que nada tenía sentido, donde cosas tan banales como tamaño distancia, color y forma eran completamente relativas. Y en ese instante en el que todo lo que en otros momento parecía trascendental mostraba su verdadera forma, entre todo el desorden fue perfectamente capaz de discernir lo que verdaderamente era importante. Y la reconoció a ella, sin forma ni dimensión, únicamente todo lo demás, todo cuanto ella había pasado a ser dentro de él, aquel gigantesco orbe de luz flotando en medio de nada, que transmitía calor y paz, que hacía agradable el caos, aquella llama que todo alcanzaba, pues nada estaba fuera del alcance de su abrazo.

Al abrir los ojos todo había desaparecido. No estaba la lluvia, ni el sol, no había tierra ni hierva bajo sus pies. "Todo" se había olvidado de algo que llevarse, y él agradeció que así fuese, pues ante él, en mitad de la noche se encontraba la fuente de luz calor y calma que había observado momentos antes. La forma era distinta, así como la dimensión y el color, pero bien sabía que nada de eso importaba, lo que primaba era todo el resto.

Gracias por leer y hasta que el viento os traiga de vuelta.

viernes, 28 de febrero de 2014

Abatido pero vivo

Se quitó de encima los restos herrumbrosos y quebrados de armadura, antes de intentar ponerse en pie. Le dolía todo el cuerpo y no dejaba de sangrar por las innumerables heridas que le cubrían. Estaba destrozado, apenas podía respirar, estaba casi muerto... casi. Seguía con vida, y eso era lo más importante. No importa el tamaño de las heridas, no importa la victoria, o la derrota, no importa lo terrible del enemigo que se presente ante sí, mientras la vida continúe, mientras la sangre recorra sus venas siempre podrá erguirse, siempre podrá fortalecerse y seguir combatiendo. No existe carga demasiado pesada, solo hombros demasiado débiles, así que un día más alzará su espada, un día más caminará impasible, un día más luchará por su sueño, por lograrlo y protegerlo.

jueves, 20 de febrero de 2014

Tropezón

Me caigo de nuevo. No importa, pues tiempo antes de tocar el suelo siento tu fuerza sostenerme. No es un golpe seco, no son cordeles tirando de mi ni una mano agarrando mi ropa, son tus brazos sosteniendo mi cuerpo y frenando mi caída. Me pones en pie, me abrazas y equilibras, siento tu calor rodeando mi cuerpo protegiéndome del frío. Noto como me besas la frente y me sacudes el polvo de encima. Oigo como me dedicas palabras de dulzura, y  me dices que tenga cuidado y evite volver a caer. Te escucho con atención, pero sé que volveré a caer. No es algo que me preocupe, no ahora, pues sé que estarás ahí cuando lo haga, que volverás a frenar mi descenso y a salvarme del golpe, sé que me pondrás en pie y me dejarás listo para volver a enfrentarme al mundo. Siempre lo haces.

Te dejé entrar entreabriendo la puerta, como quien acepta una visita a regañadientes y ni se digna a recoger el salón. Te ofrecí sentarte y tu lo llenaste todo de luz, te invité a comer y trajiste calor al frío, te pedí que te quedases y limpiaste el aire. Antes de darme cuenta habías convertido en hogar una casa, y antes de darme cuenta no quería que salieses jamás. Adoraba tus visitas, sin darme cuenta me fui acomodando a tu presencia, cada vez más agradable. Entraste sin decir nada, como no queriendo molestar y sin saber cuanto tiempo te iba a permitir quedarte, y poco a poco demostraste tu valía.

Nunca te agradeceré suficiente que trajeses aire luz y calor al destartalado hogar que era mi alma. Jamás, por mucho que haga, podré compensar que me despertases del letargo en el que me había sumido. Y por mucho que lo intente no llegaré a tu altura, tu, que me lo diste todo sin pedir nada. Esto apenas son palabras, quizás porque mis gestos no bastan, y hay cosas que no deseo olvidar.

sábado, 28 de diciembre de 2013

Letras y canciones

Se recostó en el cojín y dejó que la música le invadiera y le llevase lejos. Danzó entre letras llenas de luz y armonía evadiéndose del mundo hasta el punto de no darse cuenta de que los pasos de ella se acercaban. No importó, pues ella se supo dar a conocer besando suavemente los labios de él. Se quitó los cascos y observó aquel par de ojos que sin hablar decían tanto.  Ella aprovechó la ocasión para tomar los cascos y comprobar que había estado escuchando, al tiempo que se sentaba sobre sus piernas. Sonrió al reconocer la melodía y volvió a besarle. Él la atrajo hacia sí para abrazarla, pero ella se escurrió de entre sus brazos.
-Si quieres cenar hoy vamos a tener que prepararla en algún momento.-
-¡Yo iba a cenar ahora mismo antes de que te escaqueases!- Respondió él. Ella le dirigió una mirada letal, pero acto seguido se rió. 
Se pusieron en pie y se dirigieron a la cocina, y tras apañar una ensalada y proceder a comérsela volvieron al salón.
-Bueno, resuelto lo de la cena, ¿seguimos por donde íbamos?- Preguntó ella.
-No lo sé... Lo cierto es que yo ya estoy saciado con la ensalada, no tengo muchas ganas...- 
Ella se sentó sobre él, se acercó a su oído y deslizó una mano bajo su camiseta.
-Retiro lo dicho, me parece que aún tengo algo de hambre.- 
No creo que sea necesario relatar lo que a continuación sucedió, únicamente diré que hubo caricias y besos, gritos y susurros, y que ambos encontraron en el otro más calor del que pudiese dar ninguna llama y más cariño del que la mayoría jamás conocerán.
Es hora de retirarse, pues ahora tanto él como ella disfrutan de la paz y la calma que se aportan mutuamente, y esos son momentos en los que nadie debe intervenir.

Gracias por leer y hasta que el viento os traiga de vuelta.

viernes, 27 de diciembre de 2013

Nuevos cantos

Por primera vez en mucho tiempo miro en mi interior y me encuentro en paz. Por primera vez desde hace demasiado tiempo me encuentro a gusto, seguro, feliz. Quizá parezca una tontería, seguramente lo sea, pero es algo maravilloso para mi. Siguen por ahí ocultos viejos miedo y temores, aún se huele el azufre de viejos demonios, pero son silenciados  y quedan cegados por el suave sonido armónico y la luz que ahora siento. 
Para mi resulta prácticamente algo nuevo. Siento fuerza para enfrentarme a mis males, siento tu presencia en mi sombra, custodiando mi espalda, siento tus manos sobre mis doloridos músculos y tus labios en mis heridas. Y lo adoro. Y me sé capaz de vencer solo mis males, sé que por mi propio pie puedo alzarme entre las penas, antes o después, pero gracias a ti siento renovadas fuerzas y creo posible el apenas flaquear.
Me avergüenzo de la torpeza de éstas líneas, lo cierto es que se me da mejor escribir acerca de tristeza, supongo que tengo mayor control sobre adjetivos oscuros y lúgubres, pero quería que quedase registro de la seguridad que ahora tenga, para cuando quizás vuelva a flaquear. Para cuando tenga miedo y no encuentre la fuerza para alzarme, entonces recordaré que un día me sentí inderrumbable, que hoy creí que podría con el mundo, y que en este momento no existió duda alguna de que siempre estarías a mi lado.
Y no puedo más que agradecerte todo esto, y no puedo hacerlo lo suficiente, y cuando mi rostro dirija al suelo y la pena hunda mis hombros, tráeme de vuelta aquí, hazme recordar lo que prometí, pues hoy y aquí prometo luchar frente a la pena, por perdida que esté la batalla. Por mi. Porque todo hombre es merecedor de ser feliz. Porque la felicidad parte de uno mismo. Porque la tristeza es una enfermedad contagiosa que a nadie deseo. Recuérdame esto cuando lo necesite, pues sin duda lo haré. Hoy no, espero que no mañana, pero toda fuerza flaquea, tan solo se trata de volver a ponerse en pie.

Gracias por leer y hasta que el viento os traiga e vuelta.

sábado, 21 de diciembre de 2013

Otro de tantos

Como otras mil veces sucede, no sé como comenzar, y es tan habitual que no me sorprende, pues en infinitas ocasiones se me torna la parte más difícil, así que simplemente lo haré de cualquier modo, con la esperanza de que vaya tomando forma a medida que escribo.
He acabado llegando a la conclusión de que estos textos no son otra cosa que llamadas de auxilio, gritos ahogados que esperan ser oídos, mensajes en una botella que acaban por llegar a buen puerto, con la sutil diferencia de que no sé a quien pretendo que lleguen estos mensajes... ni tan solo si quiero que lo hagan. Simplemente grito desesperadamente en pos de encontrar el camino, de hallar el rumbo de vuelta a casa. Lo cierto es que funciona, antes o después acabo por encontrar como llegar de nuevo a buen puerto, quizás demasiado tarde, quizás demasiado a menudo.  Pero eso no es lo que me preocupa ahora, lo que ahora me preocupa es seguir con señal de socorro y el motivo de la misma.
Estoy triste. Así de simple, así de llano, así de ilógico. Lo estúpido de estas cosas es que no se pueden combatir racionalmente, simplemente son así, sin mas, y las sientes irremediablemente. El cambio tiene que venir de dentro, el sentimiento desaparece cuando eres capaz de mirar por encima de él, pero no puedo, no ahora, no hoy. Hoy simplemente estoy triste. Mañana me levantaré sonriente, o no, quizás siga triste, pero tendré el ánimo para cambiarlo, o no, quizás siga igual que hoy, y simplemente esté triste.
Lo cierto es que no me importa. Lo cierto es que simplemente puedo sentirme decepcionado por mis palabras, por escribir lo que estoy escribiendo, me avergüenzo de decir que no soy capaz de algo así, pues sé que lo soy, y soy yo mismo el que predica con salir de las sombras lo antes posible, soy el que pide esfuerzos para que otros lo hagan, pero no ahora, no hoy.
Hoy simplemente vengo aquí a lamentarme, a bañarme en mi propia tristeza, ¿tampoco sucede nada, no? Quiero decir, no se puede ser feliz todos los días, si no hubiese días malos los buenos no tendrían sentido.
Supongo que esto último no son más que excusas. Sé que este texto no será más que motivo de vergüenza en el futuro, pero como me he hartado de repetir, hoy no me importa. Hoy solo quiero escuchar música y morirme de soledad rodeado de gente.

Mis disculpas por este terrible texto, y hasta que el viento os traiga de vuelta.

domingo, 10 de noviembre de 2013

Silencio

Solo podía oír el sonido de su propia respiración, la misma que siempre había estado ahí, y entonces fue consciente de que volvía a ser como siempre, de que nunca había dejado de serlo. Se dio cuenta de que mientras el mundo cambiaba a su alrededor él no lo hacía, seguía siendo estúpido, seguía teniendo estúpidos temores, seguía teniendo estúpidas inseguridades. Nada había cambiado, y seguía detestándose a si mismo, seguía odiando con todas sus fuerzas todo cuanto le hacía ser él, se odiaba por odiarse, y se odiaba por ello. Odiaba su lastimera forma de pensar, odiaba sus quejas, odiaba sus miedos, odiaba su derrotismo, odiaba sus debilidades y odiaba no ser capaz de cambiar. Y todo eso le hacía odiarse.
Ahí seguía, solo con su respiración, la que le recordaba que estaba vivo, la que le mantenía inmutable. No derramó una lágrima, no era merecedero de que nadie llorase por él, ni tan siquiera él mismo. Se arropó, buscando un calor que no encontraría, huyendo de un frío que venía de la profundidad de su ser, de la tristeza en la que buceaba, sumergiéndose cada vez más.
Sabía que solo él podía salvarse, tenía que escapar de las tinieblas por su propio pie, pero en su lugar dejaba que la lástima y las sombras lamiesen sus heridas, recreándose en la dulzura de la autocompasión. 
Sabía que antes o después tendría que salir, y que su estancia allí dentro le pasaría factura, pero eso sería otro día. Ya se preocuparía de ello cuando le tocase, de momento se acomodó y sintió el tiempo pasar.

Gracias por leer y hasta que el viento os traiga de vuelta.

miércoles, 23 de octubre de 2013

Impaciencia

Largas las horas, deslizándose pared abajo, se sumen lentamente en las sombras, ajenas al caos que reina en mi mente. Miro el reloj, el tiempo decide no avanzar, como jactándose del ansia de mi espera, conocedor de que aún resta lo que a mi me resulta una eternidad. Respiro profundamente, intentando apartar el tema de la cabeza, navego entre diversas ideas por lo que se me asemejan como días, leo algo, escucho música y vuelvo a mirar la hora, deseoso de haber logrado un avance sustancial. Quince minutos. Han pasado quince endemoniados minutos -Trece y medio- tiene a bien notificarme una vocecilla en mi interior. No sé como voy a lograrlo, la espera es insoportable, y cada vez más.

Inspirando profundamente intento acudir a la lógica para salir de esta agobiante sensación. Bien, quedan casi dos días enteros, así que impacientarte ahora es como hacerlo por ponerte chancas en medio del invierno (lo sé, no soy muy bueno con los símiles cuando estoy ansioso). Pienso que ella estará igual, que el tiempo me resultará más lento cuanto más ansiadamente lo espere, que me quedan muchas cosas que hacer, que todo llega a su momento, que lo bueno se hace esperar... Básicamente barajo toda idea que se me asemeje capaz de relajarme, con mayor o menor resultado. Entonces me descubro a mi mismo nervioso, como un niño pequeño la noche antes de Reyes que desea abrir sus regalos, y no puedo evitar soltar una carcajada. -Bueno, yo también estoy ansioso por abrir mi regalo, supongo- me digo, y una calidez brota en mi pecho, reflejándose como sonrisa en mi rostro. Comienzo a reflexionar en todo cuanto tengo, en todo cuanto ella me ha dado, me divierto recordando lo que hace años sostenía de que "el amor no era para mi", cuando realmente pensaba que jamás tendría una buena relación (o una relación siquiera) con el sexo opuesto. Se me eriza el vello cuando recuerdo como empezó todo, y casi me pongo a temblar pensando en el primer beso que le dí.
Extrañamente el nerviosismo desaparece. De algún modo soy consciente de lo rápido que pasa el tiempo, que casi ha pasado un año y pareciese que fuera ayer, y que por imposible y eterna parezca la espera, todo llega. Sonrío satisfecho -Solo dos días- susurro, aunque tras mirar la hora me sorprendo descubriendo que será poco más de uno.
Me dirijo a la cama, dirigiéndole un último pensamiento que espero me acompañe toda la noche, pues sé que volverá al despertar. 

Gracias por leer y hasta que el viento os traiga de vuelta.

sábado, 14 de septiembre de 2013

Luz guía.

Me rodea la inmensa oscuridad, giro, busco alguna fuente de luz, alguna forma de guiarme, rezo por encontrarla. Las sombras se tragan mis súplicas vomitando desesperación. El aire es frío, solo hay silencio y soledad, demasiado silencio, demasiada paz, la suficiente como para obligarme a pensar. Y allí, en la más profunda oscuridad, mis pensamientos se tornan en la puerta de salida para mis demonios.
Su compañía no es mejor que la soledad, pero al menos son un viejo mal conocido. Disfrutan de su tiempo jactándose de mi, recordándome malos momentos, errores y la localización de heridas que no acabaron de sanar. Me apuñalan con memorias que había preferido olvidar, caigo de rodillas apoyando mis manos en el suelo, respiro nerviosamente, el miedo me aprieta el estómago y atenaza mi garganta, dándome ganas de vomitar, y a su vez impidiéndome hacerlo. 
Noto como un líquido cálido gotea sobre mis manos, no estoy seguro de si son lágrimas o sangre de las heridas que mis preciados amigos están logrando abrirme, pero lo cierto es que tampoco quiero saberlo.
Estoy a punto de dejar que todo me supere, de tumbarme en el suelo y dejar que todo pase, que sigan los días hasta que el mundo vuelva a tener sentido, o deje de tenerlo para siempre, pero entonces veo algo. 
Es una luz, lejana pero clara, pálida pero radiante. El solo verla dota de calor a mi maltrecho cuerpo, y devuelve la vida a mi abandonada alma. Hago a un lado la desesperación y me pongo en pie. Los demonios siguen bailando a mi alrededor, atormentándome. Cada paso supone un esfuerzo titánico, una parte de mi desea abandonarse, cree que no merece la pena, que en realidad nada merece la pena, que lo mas correcto sería aceptarlo y reducir el sufrimiento, pero la otra parte conoce la paz de esa luz.
El avance es lento, pero cada paso cuesta menos que el anterior. El agotamiento se ve superado por la vida que la luz me transmite, ese faro de esperanza me da la fuerza para avanzar. La oscuridad absoluta comienza a iluminarse mientras me acerco, pronto pasa a ser gris el color que me rodea, cada vez más claro. Entonces tropiezo. La dureza del suelo me recuerda que es el dolor, y mis maltrechos músculos me recuerdan cuanto pesa mi cuerpo al intentar levantarme. ¿Así acaba? ¿Tras tanto avance? ¿Después de haber encontrado la luz? No creo, no lo permitiré.
Comienzo a ponerme en pie. Mis músculos aúllan de dolor, miles de cuchillas se clavan en ellos, y noto como mis demonios intentan que vuelva a caer, pero también veo que son más débiles. Consigo ponerme sobre ambos pies y enderezar mi cuerpo, forzando a mis demonios a volver a la prisión de donde salieron.
Alcanzo la luz, y su calidez me baña. Acaricia con sus manos mi deteriorado rostro, y besa mis heridas para aliviar el dolor. Siento como brotan lágrimas de felicidad de mis ojos, siento como al caer al suelo parecen estar en sintonía con el mundo. Siento como caen sobre mi pecho lágrimas de angustia que la luz deja caer. Noto su preocupación a través de mi piel. Supongo que temía por mi, e imagino que también debió pasarlo mal mientras yo estaba perdido, como hizo lo posible por ser mi guía, y la impotencia que sintió cuando no lo lograba.
Me siento estúpido, tan ridículo que casi me avergüenzo de estar frente a ella. ¿Como pude pensar en rendirme?
Entreabro la boca y la aproximo a ella, siento como me llena su luz. Siento como sana las heridas restantes, como limpia la oscuridad que pudiese quedar. 
Me detengo para disfrutar de la felicidad que me otorga. Me regocijo en la misma. 
Sé que acabaré por caer de nuevo, que volveré a perderme, que mis demonios escaparán y volverán a torturarme. Pero también sé que ella estará allí en ese momento.

domingo, 21 de julio de 2013

Sueño y despertar.

Apagó el cigarrillo y se dirigió a la ventana para acabar encendiéndolo de nuevo según llegó a ella. Echó un rápido vistazo al exterior, esperando encontrar algo fuera de lo normal, algo diferente a como suponía que sería, con el fin de que ese minúsculo cambio le diese la inspiración que le faltaba.
Sobre el escritorio se encontraba su obra, llamarlo arte sería demasiado presuntuoso, o al menos eso pensaba él, en contraposición de la opinión de fans y seguidores que aguardaban que la saga continuase.
Y aquello era lo que más le torturaba, y es que los personajes que antes habían estado vivos en su interior, que le habían contado sus aventuras y hazañas ya no estaban allí. Antaño él solo tenía que narrar lo que les sucedía, la propia historia se desarrollaba sola, pero las exigencias de los editores y las restricciones de contratos le habían obligado a avanzar la historia de modo distinto al que él habría elegido. 
Había firmado contratos alegremente para poder escribir despreocupadamente y poder seguir comiendo día a día, pero cuando sis libros se hicieron populares los editores se agarraron a los contratos para forzarle a hacer giros de trama que hiciesen felices a sus lectores. O al menos a la mayoría de ellos, pues por lo que tenía entendido, sus primeros lectores decían que la saga había perdido fuerza, "elegancia" con la tan usada frase de "tú antes molabas".
No podía negárselo. Desde que tomase ciertas decisiones la trama había dejado de generarse sola, la historia no avanzaba por su propio pie, y él debía forzarla. Era como tirar del perro que antes te acompañaba o corría ante ti.
Se volvió hacia el escritorio, apoyó los brazos en él y se dejó caer. Se había vendido, y aún peor, había vendido a sus personajes, a esas vida que habían brotado en su mente, con los que tanto había disfrutado, con los que había reído y llorado, con los que había sufrido cuando la historia solicitaba un momento dramática, o alguna muerte. Había accedido a dejar ir a algunos a los que realmente había apreciado, todo porque la historia lo necesitaba, le había empujado a ello. Pero en cierto momento dejó de lado todo aquello, prefirió mantener un contrato.
Se negó, se sentó ante la mesa, y por primera vez en mucho tiempo escribió lo que la trama le pedía, tuvo que morir uno de los personajes principales, pero era necesario. Los editores se volverían locos, posiblemente muchos lectores se molestasen, pero se sintió bien, pues la historia volvió a la vida en su interior. 
Sonrió.
Y siguió escribiendo, línea tras línea, página tras página. No le importaba perder los contratos, no le importaba dejar de ser un best seller, se alegró de que fuese a dejar de ser una lectura fácil. Si quedaban lectores que apreciaban lo que escribía perfecto, si no también. Volvía a escribir por placer. 
Una lágrima, silenciosa y sutil recorrió su mejilla cuando volvió a sentir la calidez de las vidas de sus personajes en su interior, cuando los sintió saludarle y darle la bienvenida de nuevo. Ellos jamás se habían ido, simplemente él había dejado de escucharlos.

Gracias por leer, y hasta que el viento os traiga de vuelta.

lunes, 18 de marzo de 2013

La crónica del séptimo día.

Antes de comenzar a contar nada, creo necesario explicar la situación. Quizá debiera decir el año en el que me encuentro, pero lo ignoro, así como el resto del mundo. Para mí hoy es por quincuajesimo tercera vez el séptimo día, pues todo acabó entonces. Me explicaré.

Desde que tengo memoria se trataba de un tema continuamente, cuando era apenas un niño despertaba gran temor entre la gente, pero a medida que fui creciendo todo el mundo acabó por tranquilizarse y lo tomó con tranquilidad, y es que, por absurdo que suene, se había calculado cuando estallaría el sol. ¡Ninguna broma! Pero afortunadamente el hecho se predijo muchos años antes (17, para ser exactos) y permitió que el gobierno mundial se organizase. Ciertamente los avances tecnológicos sucedidos en menos de dos décadas fueron impresionantes. Lo primero que se hizo fue introducir en el núcleo terrestre cargas de HT14, unos amplificadores térmicos que, utilizando el propio calor del núcleo, generaban calor adicional, solucionando el problema de la falta de calor que se daría. Paradójicamente el problema de el eje de gravitación se solucionó solo, pues se predijo que se daría una particularidad con el estallido del sol, y es que la concentración de la fuerza explosiva no sería muy grande, pero justo en el epicentro produciría lo que los científicos llamaron un "nido de polilla", el cual se basa en una zona de gran concentración de pequeños agujeros negros que se van generando y cerrando continuamente, impidiendo que se expandan, pero generando un campo gravitacional suficiente para atrapar al sistema solar, o a su mayoría.

La última parte fue la mas difícil, y la que falló. La explosión generaría dos ondas expansivas distintas, y muy seguidas que alcanzarían la tierra, y necesitábamos protegernos de ellas. Esto se solucionó a la par que  la ausencia de luz. La mayor obra arquitectónica y de ingeniería jamás vista comenzó. 
Toda la tierra fue cubierta por un campo de escudos de una aleación a la que llamamos "Thaleo", y se le colocó un circuito. La misión del "espejo de diamante" como algunos lo llamaron, era absorber las ondas expansivas, refractar toda la luz, y aprovechar toda esa energía para llegar al conocido como "punto de generación". Se supone que el Thaleo es capaz de absorber energía, cambiado su composición y obteniendo ciertas propiedades a medida que absorbe mayor energía. El punto donde deja de adquirir propiedades se le llamó "punto de generación", y aunque calculado, nunca se había alcanzado.

Era todo una magnífica idea, pero como siempre, algo tenía que arruinarlo. El séptimo día, una semana antes de lo que estaba previsto estalló nuestro querido sol. Una semana, ni mas ni menos. Se acertó una previsión de 17 años, y se falló por una semana, y eso significó nuestra perdición. Todo el espejo de diamantes saltó por los aires y cayó al suelo como una preciosa lluvia de espadas blancas, y en el lugar de impacto de la onda, en lo que hace tiempo fue América, se generó un vórtice electromagnético. Una tormenta constante lo cubre, y las nubes no nos permiten cruzar, ni ver lo que hay allí dentro. El gobierno mundial se replegó, y se refugió en alguna parte a salvo de el caos que mora la superficie. Por fortuna, parte de la estructura que sostenía al espejo de diamantes sigue en pie, y algunos de los fragmentos que allí siguen emiten una débil luz, iluminando levemente la eterna oscuridad. Aguanté en mi casa todo el tiempo que pude, pero sabía que antes o después tendría que salir, así que hoy, por quincuajesimo tercera vez séptimo día, salgo de mi refugio, sin estar seguro de que me encontraré.

Y antes de que se me olvide me presentaré. Me llamo Liello, y éste es mi diario.


Gracias por leer, y hasta que el viento os traiga de vuelta. P.D.: Feliz cumpleaños, espero que te guste.

lunes, 28 de enero de 2013

La Probeta

El silencio se adueña totalmente del espacio, haciendo que unas uñas arañando el cristal resulten un sonido atronador. El frío, seco y calmo, avanza progresivamente, devorando todo cuanto hay ante él. No hay cabida para las sombras, ni refugio en ellas, pues toda la superficie está bañada por el sol. En aquel limitado espacio bajo el cristal todo está descubierto, todo es evidente y está a una simple mirada para quien lo observa desde arriba. Al principio intentaba escapar, pero pronto se dio cuenta de que no había lugar por donde hacerlo, luego se negó a participar en el extraño experimento del que era objeto, pero de nuevo cayó en la cuenta con rapidez de que nunca había tenido posibilidad de elegir. Poco a poco se fue sumiendo en la desesperación, hasta que su mente acabó por quebrarse. Su tiempo ahora se ocupa en vagar erráticamente, recorriendo los mismos pasos una y otra vez dentro de esa cúpula de cinco kilómetros. Lo único que varía de una vez a otra es las huellas que restan de sus viajes, que más o menos profundas, más o menos distanciadas son la prueba de la existencia de tiempo anterior, y son el único refugio de su mente, el único lugar donde se resguardan los restos de su cordura.

Gracias por leer y hasta que el viento os traiga de vuelta. 

martes, 8 de enero de 2013

Refugio

Supongo que aún cuando todo se derrumba, cuando parece que nada puede abrigarme, aún me resta esto, aún a pesar de todo siempre tendré cobijo en este rincón, o eso espero. 
Me dedico a mirar atrás, solo para caer en la cuenta de cuanto dejé por el camino, como aquellas cosas que en su momento me hacían ser yo, lo que me caracterizó en distintos momentos de mi vida quedó tirado a los lados del camino. Viendo esto no puedo por menos que preguntarme cuanto de lo que ahora soy dejaré mas adelante. 
Supongo que antes o después esta será una de las cosas que deje atrás, cuando ya no tenga vías para expresarme, supongo que al final acabaré por dejar de hacer todo cuanto hoy hago, haré otras cosas, pero lo que hoy me hace ser yo habrá desaparecido. 
Algún día miraré atrás de nuevo, pensaré en cuanto habré cambiado y me resignaré. Acabaré por rendirme de intentar ser yo, o de intentar que mi personalidad perdure mas allá de lo que es "cómodo" y "común". Seré otro individuo mas en la marea de población, que inerte seguirá a la mayoría y se sentirá incómodo cuando actúe diferente, el hábito podrá mas que la voluntad, y entonces, aburrido y reclinado en un sillón, pensado en como fui dejando atrás los artes me preguntaré que porqué lo hice, me odiaré por abandonarlos y por haberme tornado en algo incapaz de canalizarlos, por estar encerrado dentro de mi propia vida, por haber perdido todo refugio.

lunes, 10 de diciembre de 2012

Espera

Los minutos se hacen eternos aguardando a que acabe el día y pueda hablar un rato contigo. La sola idea es suficiente para que los nervios afloren en mi estómago, recordando lo dulce de tus labios, y lo elegante de tus líneas. Es algún tipo de dulce tortura, pues pese a que hace la espera inaguantable, de algún modo me da los ánimos para seguir esperando.

Todo esto me es ajeno, te miro a los ojos y veo mas cariño del que sé que emiten los míos, y de algún modo es reconfortante, pero no deja de resultarme extraño. Produce una agradecida calidez, mirarte a los ojos, besarte, o tenerte entre mis brazos, me hace sentir seguridad y comodidad. Tienes el don de hacer que todo resulte simple y natural, así como el poder de hacer que cada día me gustes un poco mas que el anterior.

No sé ni como seguir, este texto carece de forma o elegancia, no posee el estilo que creo poseen otros textos que escribo, pero me imperaba escribirlo, lo siento, me gustaría haber escrito algo mas bello, pero parece que carezco de la concentración suficiente.

Gracias por leer, y hasta que el viento os traiga de vuelta.

miércoles, 5 de diciembre de 2012

El Nombre Propio, Interludio 1: La culpa

La lluvia y el viento azotan los árboles, que resisten impasibles, no así lo hacen sus ramas, que se agitan violentamente de forma errática. La rama de un roble repiquetea contra el cristal de la ventana, dentro, aún a pesar del fuego de la chimenea, el frío inunda la estancia, cuya única presencia es la silueta de una figura que la luz recorta en el umbral de una puerta abierta por donde entra la lluvia torrencial, y que impide que el calor se acumule. De algún modo, y a pesar de el ajetreo de mas allá de esas paredes de piedra que por la puerta entra, la presencia de esa figura hace que en la habitación reine la calma. La figura decide entrar, cerrando la puerta tras de sí, y se deja caer en una butaca cercana, poniéndole al escrutinio del fuego que arde en la chimenea. Tras el pelo mojado, unos ojos llorosos observan el temblor nervioso de sus manos, y su mente lucha por calmar su respiración acelerada.
Su mirada perdida revela que en realidad no está viendo lo que tiene delante. Sus pensamientos vuelan, ligeros y veloces, con un nerviosismo que la quietud de su cuerpo no refleja. Sus labios se entreabren al tiempo que una voz tenue, a punto de quebrar entona unos lamentos.
-No podía saberlo, solo intenté hacerlo lo mejor posible, solo actué lo mejor que supe...-
Su voz quiebra en llanto, y el torrente de emociones de su interior aprovecha para escapar. Aún a pesar de que el calor ya ha tomado la sala, el frío atenaza su corazón, y como un ruido sordo, el dolor y el miedo golpean sus oídos. Siente un vacío en el estómago, y una soledad en su alma que nada tiene que ver con la ausencia de otra persona en el lugar, así como con la certeza de la ausencia futura de una única persona. Y allí, quieto y solo, sintiendo un frío que proviene de su interior, emplea sus siguientes horas, huyendo de la realidad, buscando la fuerza para enfrentarla.