miércoles, 2 de septiembre de 2015

Un poco de trabajo extra

Se encontraba en una esquina del mismo tugurio de mala muerte al que siempre acudía, resguardado en una sombra, observando el gentío. No tendría nada que hacer hasta bien entrada la noche, cuando un grupo de compañeros y él mismo pretendían asaltar la ciudadela de turno (asalto, masacre de demonios, saqueo, lo normal) por lo que disfrutaba de la bien merecida tranquilidad de la tarde.

Un goblin se le acercó. No había estado deambulando por el local, había entrado en él, lo había buscado con la mirada, y había ido en su búsqueda inmediatamente.
-¿Qué quiere'?- Preguntó con la voz arrastrada y los problemas de pronunciación que los enormes colmillos que salían de su boca le provocaban a cualquier trol.
-¿Eres Doraljo? Tengo un negocio que proponerte.-
-Teh e'cucho.- Sus ojos se afilaron. El goblin vestía ropajes de tela, sofisticados y con inscripciones en lo que debía ser pandemónium, probablemente para ayudar a recordar los complicados versos que debería recitar para invocar los terribles poderes que aquél pequeño brujo (dedujo) usaría en combate.
-He oído miles de nombres que comparten tu profesión, seguramente cualquier de ellos podría librarse del... asunto que traigo entre manos por mucho menos dinero del que te ofrezco ahora, pero me han dicho que es a ti a quien debo recurrir si quiero enviar un mensaje.-
Una perturbadora sonrisa se dibujó en el rostro de Doraljo, acentuada aún más por la presencia de aquellos enormes colmillos.
-Dime el nom'bhe y pehcio que ofreces.-
El goblin echó mano de una bolsa de oro.
-El precio serán 120mil monedas de oro, y en cuanto al nombre... seguro que lo reconoces.-

Doraljo desayunaba tranquilamente como cualquier mañana (un café de roca negra y un nutritivo puro de hierba tauren) mientras leía el tablón de noticias en busca de alguna información acerca de la remodelación de la ley de aviación (artículo 6.2.2) que legalizaría el vuelo en las zonas exteriores de Draenor fuera de las rutas ya pre-establecidas por los sistema de transporte oficiales. El asalto de la noche anterior había sido satisfactorio, habían logrado acabar con un buen número de demonios, y pese a que ni había encontrado nada útil en los alijos saqueados, al liberar su rabia contra una ardilla que casualmente pasaba por allí había descubierto un buen par de hombreras en su cadáver.
De pronto, una sonrisa de complacencia se le dibujó en el rostro. Apartó algunos papeles, y cogió la noticia para leerla mejor.

"Un importante elfo de sangre, magnate de la joyería, había amanecido asesinado en las calles de Lanza de Guerra. Aunque no tenían ningún indicio del culpable, se achacaba a algún tipo de venganza dentro de la mafia, pues el cadáver había aparecido rodeado de innumerables mesas de festín que dibujaban en el suelo la palabra <<deudor>>."

Texto en honor a Jokin Doral. Feliz cumpleaños.

Gracias por leer, y hasta que el viento os traiga de vuelta.

jueves, 11 de junio de 2015

Estásis

Los rayos desgarraban el cielo al tiempo que la lluvia lamía los harapos a los que llamaba piel. Se retorció en el suelo, dándose cuenta de cómo el charco de sangre se disolvía entre gotas y lágrimas. Sintió el crujir de sus huesos cuando trató de ponerse en pie, logrando poco más que el dolor al que ya estaba acostumbrado. Agradeció que lloviese, y se le humedeciesen los labios destrozados tras innumerables días de sol y calor.
Notó cómo el agua llenaba las cuencas de sus ojos, burlándose del deterioro de su cuerpo. Y por primera vez desde hace mucho tiempo, sintió cómo el frío provenía desde el exterior y no el interior de su pecho, donde guardaba aquella negra y apaleada masa de carne inerte a la que se permitía llamar corazón.
Pero el mayor dolor que soportaba no provenía de su maltrecho cuerpo, si no de su enferma y lastimosa mente, que le había azotado una y otra vez con el pesar y la culpa, empujándolo al abismo de terror y desesperación en el que se encontraba. Ya no recordaba a qué le tenía miedo, no sabía de qué era culpable, ni de dónde provenía la tristeza que lo asolaba. No recordaba ningún estado anterior, si bien sabía que lo había habido. Tampoco recordaba su rostro, o el color de sus ojos, allá cuando los tuviera.

Alguna vez lograba recordar una imagen o idea aislada, lo que resultaba en poco más que una aguda punzada en lo profundo de su pecho.
Hacía mucho que no oía a nadie. Sabía que era capaz de oír, pues percibía el sonido de la lluvia en las raras ocasiones que ésta sucedía, pero no recordaba haber oído otra cosa alguna vez. Siendo incapaz de articular él mismo palabra alguna, y ante la ausencia de una fuente alternativa de tal recurso, había olvidad el sonido de una voz, pero era consciente debido a los recuerdos que ocasionalmente lo asaltaban de que en otro tiempo dos palabras podían hacerlo feliz.
Era consciente de que no era mudo, y de que era capaz de ponerse en pie, pero no lograba reunir la voluntad o motivación para hacerlo.
Cuando aún le importaba, había contado el salir y ponerse del sol decenas de miles de veces, y sabía que había pasado tal periodo más de cien veces, pero ya no sabía cuanto más. A él le parecía la eternidad.

Algo le sobresaltó, algo había golpeado el suelo y no había sido él mismo. Ahí estaba de nuevo, un golpe amortiguado de algo plano... ¿pasos?¿estaba oyendo pasos?
No podía ser, nunca había pasado nadie por allí, y nunca lo haría, su mente estaba engañándolo. Pero ahí estaba de nuevo, otro paso, aún a pesar de que sabía que no era posible. Su mente había encontrado una nueva forma de divertirse torturándolo. Los pasos seguían, lentos y pausados, con suficiente tiempo entre uno y otro como para que siempre estuviese seguro de que eran imaginarios antes de oír el siguiente.

Comenzó a rezar, a suplicarse a sí mismo que se detuviese tal tortura, deseando una muerte que nunca le alcanzaba.

Gracias por leer, y hasta que el viento os traiga de vuelta.

viernes, 15 de agosto de 2014

Sol y lluvia

Inspiró hondo, a la par que sentía la hierba fresca y la tierra húmeda bajo sus pies. Bajo un sol enorme disfrutó de todas y cada una de las gotas que golpeaban su cuerpo, de cada ráfaga de viento que hacía ondear su cabello, del contraste del frío de las gotas y el calor del sol.
Se giró sobre si mismo, observando el paisaje mientras sonreía con ingenuidad. No le importó si eran las nubes de lluvia lo que cubría sus ojos, o era la luz de aquel gigantesco sol. No le importó que parte era real y cual imaginaba, no sabía si su cuerpo acabaría por helarse, o acabaría abrasado, simplemente disfrutó de mezclar las dos, de sumergirse en la locura, pasar capa tras capa, atravesándolas todas en orden y a la vez, dejó reinar al caos.
Y entre todo ese caos, en el que nada tenía sentido, donde cosas tan banales como tamaño distancia, color y forma eran completamente relativas. Y en ese instante en el que todo lo que en otros momento parecía trascendental mostraba su verdadera forma, entre todo el desorden fue perfectamente capaz de discernir lo que verdaderamente era importante. Y la reconoció a ella, sin forma ni dimensión, únicamente todo lo demás, todo cuanto ella había pasado a ser dentro de él, aquel gigantesco orbe de luz flotando en medio de nada, que transmitía calor y paz, que hacía agradable el caos, aquella llama que todo alcanzaba, pues nada estaba fuera del alcance de su abrazo.

Al abrir los ojos todo había desaparecido. No estaba la lluvia, ni el sol, no había tierra ni hierva bajo sus pies. "Todo" se había olvidado de algo que llevarse, y él agradeció que así fuese, pues ante él, en mitad de la noche se encontraba la fuente de luz calor y calma que había observado momentos antes. La forma era distinta, así como la dimensión y el color, pero bien sabía que nada de eso importaba, lo que primaba era todo el resto.

Gracias por leer y hasta que el viento os traiga de vuelta.

viernes, 28 de febrero de 2014

Abatido pero vivo

Se quitó de encima los restos herrumbrosos y quebrados de armadura, antes de intentar ponerse en pie. Le dolía todo el cuerpo y no dejaba de sangrar por las innumerables heridas que le cubrían. Estaba destrozado, apenas podía respirar, estaba casi muerto... casi. Seguía con vida, y eso era lo más importante. No importa el tamaño de las heridas, no importa la victoria, o la derrota, no importa lo terrible del enemigo que se presente ante sí, mientras la vida continúe, mientras la sangre recorra sus venas siempre podrá erguirse, siempre podrá fortalecerse y seguir combatiendo. No existe carga demasiado pesada, solo hombros demasiado débiles, así que un día más alzará su espada, un día más caminará impasible, un día más luchará por su sueño, por lograrlo y protegerlo.

jueves, 20 de febrero de 2014

Tropezón

Me caigo de nuevo. No importa, pues tiempo antes de tocar el suelo siento tu fuerza sostenerme. No es un golpe seco, no son cordeles tirando de mi ni una mano agarrando mi ropa, son tus brazos sosteniendo mi cuerpo y frenando mi caída. Me pones en pie, me abrazas y equilibras, siento tu calor rodeando mi cuerpo protegiéndome del frío. Noto como me besas la frente y me sacudes el polvo de encima. Oigo como me dedicas palabras de dulzura, y  me dices que tenga cuidado y evite volver a caer. Te escucho con atención, pero sé que volveré a caer. No es algo que me preocupe, no ahora, pues sé que estarás ahí cuando lo haga, que volverás a frenar mi descenso y a salvarme del golpe, sé que me pondrás en pie y me dejarás listo para volver a enfrentarme al mundo. Siempre lo haces.

Te dejé entrar entreabriendo la puerta, como quien acepta una visita a regañadientes y ni se digna a recoger el salón. Te ofrecí sentarte y tu lo llenaste todo de luz, te invité a comer y trajiste calor al frío, te pedí que te quedases y limpiaste el aire. Antes de darme cuenta habías convertido en hogar una casa, y antes de darme cuenta no quería que salieses jamás. Adoraba tus visitas, sin darme cuenta me fui acomodando a tu presencia, cada vez más agradable. Entraste sin decir nada, como no queriendo molestar y sin saber cuanto tiempo te iba a permitir quedarte, y poco a poco demostraste tu valía.

Nunca te agradeceré suficiente que trajeses aire luz y calor al destartalado hogar que era mi alma. Jamás, por mucho que haga, podré compensar que me despertases del letargo en el que me había sumido. Y por mucho que lo intente no llegaré a tu altura, tu, que me lo diste todo sin pedir nada. Esto apenas son palabras, quizás porque mis gestos no bastan, y hay cosas que no deseo olvidar.

sábado, 28 de diciembre de 2013

Letras y canciones

Se recostó en el cojín y dejó que la música le invadiera y le llevase lejos. Danzó entre letras llenas de luz y armonía evadiéndose del mundo hasta el punto de no darse cuenta de que los pasos de ella se acercaban. No importó, pues ella se supo dar a conocer besando suavemente los labios de él. Se quitó los cascos y observó aquel par de ojos que sin hablar decían tanto.  Ella aprovechó la ocasión para tomar los cascos y comprobar que había estado escuchando, al tiempo que se sentaba sobre sus piernas. Sonrió al reconocer la melodía y volvió a besarle. Él la atrajo hacia sí para abrazarla, pero ella se escurrió de entre sus brazos.
-Si quieres cenar hoy vamos a tener que prepararla en algún momento.-
-¡Yo iba a cenar ahora mismo antes de que te escaqueases!- Respondió él. Ella le dirigió una mirada letal, pero acto seguido se rió. 
Se pusieron en pie y se dirigieron a la cocina, y tras apañar una ensalada y proceder a comérsela volvieron al salón.
-Bueno, resuelto lo de la cena, ¿seguimos por donde íbamos?- Preguntó ella.
-No lo sé... Lo cierto es que yo ya estoy saciado con la ensalada, no tengo muchas ganas...- 
Ella se sentó sobre él, se acercó a su oído y deslizó una mano bajo su camiseta.
-Retiro lo dicho, me parece que aún tengo algo de hambre.- 
No creo que sea necesario relatar lo que a continuación sucedió, únicamente diré que hubo caricias y besos, gritos y susurros, y que ambos encontraron en el otro más calor del que pudiese dar ninguna llama y más cariño del que la mayoría jamás conocerán.
Es hora de retirarse, pues ahora tanto él como ella disfrutan de la paz y la calma que se aportan mutuamente, y esos son momentos en los que nadie debe intervenir.

Gracias por leer y hasta que el viento os traiga de vuelta.

viernes, 27 de diciembre de 2013

Nuevos cantos

Por primera vez en mucho tiempo miro en mi interior y me encuentro en paz. Por primera vez desde hace demasiado tiempo me encuentro a gusto, seguro, feliz. Quizá parezca una tontería, seguramente lo sea, pero es algo maravilloso para mi. Siguen por ahí ocultos viejos miedo y temores, aún se huele el azufre de viejos demonios, pero son silenciados  y quedan cegados por el suave sonido armónico y la luz que ahora siento. 
Para mi resulta prácticamente algo nuevo. Siento fuerza para enfrentarme a mis males, siento tu presencia en mi sombra, custodiando mi espalda, siento tus manos sobre mis doloridos músculos y tus labios en mis heridas. Y lo adoro. Y me sé capaz de vencer solo mis males, sé que por mi propio pie puedo alzarme entre las penas, antes o después, pero gracias a ti siento renovadas fuerzas y creo posible el apenas flaquear.
Me avergüenzo de la torpeza de éstas líneas, lo cierto es que se me da mejor escribir acerca de tristeza, supongo que tengo mayor control sobre adjetivos oscuros y lúgubres, pero quería que quedase registro de la seguridad que ahora tenga, para cuando quizás vuelva a flaquear. Para cuando tenga miedo y no encuentre la fuerza para alzarme, entonces recordaré que un día me sentí inderrumbable, que hoy creí que podría con el mundo, y que en este momento no existió duda alguna de que siempre estarías a mi lado.
Y no puedo más que agradecerte todo esto, y no puedo hacerlo lo suficiente, y cuando mi rostro dirija al suelo y la pena hunda mis hombros, tráeme de vuelta aquí, hazme recordar lo que prometí, pues hoy y aquí prometo luchar frente a la pena, por perdida que esté la batalla. Por mi. Porque todo hombre es merecedor de ser feliz. Porque la felicidad parte de uno mismo. Porque la tristeza es una enfermedad contagiosa que a nadie deseo. Recuérdame esto cuando lo necesite, pues sin duda lo haré. Hoy no, espero que no mañana, pero toda fuerza flaquea, tan solo se trata de volver a ponerse en pie.

Gracias por leer y hasta que el viento os traiga e vuelta.