Largas las horas, deslizándose pared abajo, se sumen lentamente en las sombras, ajenas al caos que reina en mi mente. Miro el reloj, el tiempo decide no avanzar, como jactándose del ansia de mi espera, conocedor de que aún resta lo que a mi me resulta una eternidad. Respiro profundamente, intentando apartar el tema de la cabeza, navego entre diversas ideas por lo que se me asemejan como días, leo algo, escucho música y vuelvo a mirar la hora, deseoso de haber logrado un avance sustancial. Quince minutos. Han pasado quince endemoniados minutos -Trece y medio- tiene a bien notificarme una vocecilla en mi interior. No sé como voy a lograrlo, la espera es insoportable, y cada vez más.
Inspirando profundamente intento acudir a la lógica para salir de esta agobiante sensación. Bien, quedan casi dos días enteros, así que impacientarte ahora es como hacerlo por ponerte chancas en medio del invierno (lo sé, no soy muy bueno con los símiles cuando estoy ansioso). Pienso que ella estará igual, que el tiempo me resultará más lento cuanto más ansiadamente lo espere, que me quedan muchas cosas que hacer, que todo llega a su momento, que lo bueno se hace esperar... Básicamente barajo toda idea que se me asemeje capaz de relajarme, con mayor o menor resultado. Entonces me descubro a mi mismo nervioso, como un niño pequeño la noche antes de Reyes que desea abrir sus regalos, y no puedo evitar soltar una carcajada. -Bueno, yo también estoy ansioso por abrir mi regalo, supongo- me digo, y una calidez brota en mi pecho, reflejándose como sonrisa en mi rostro. Comienzo a reflexionar en todo cuanto tengo, en todo cuanto ella me ha dado, me divierto recordando lo que hace años sostenía de que "el amor no era para mi", cuando realmente pensaba que jamás tendría una buena relación (o una relación siquiera) con el sexo opuesto. Se me eriza el vello cuando recuerdo como empezó todo, y casi me pongo a temblar pensando en el primer beso que le dí.
Extrañamente el nerviosismo desaparece. De algún modo soy consciente de lo rápido que pasa el tiempo, que casi ha pasado un año y pareciese que fuera ayer, y que por imposible y eterna parezca la espera, todo llega. Sonrío satisfecho -Solo dos días- susurro, aunque tras mirar la hora me sorprendo descubriendo que será poco más de uno.
Me dirijo a la cama, dirigiéndole un último pensamiento que espero me acompañe toda la noche, pues sé que volverá al despertar.
Gracias por leer y hasta que el viento os traiga de vuelta.
miércoles, 23 de octubre de 2013
sábado, 14 de septiembre de 2013
Luz guía.
Me rodea la inmensa oscuridad, giro, busco alguna fuente de luz, alguna forma de guiarme, rezo por encontrarla. Las sombras se tragan mis súplicas vomitando desesperación. El aire es frío, solo hay silencio y soledad, demasiado silencio, demasiada paz, la suficiente como para obligarme a pensar. Y allí, en la más profunda oscuridad, mis pensamientos se tornan en la puerta de salida para mis demonios.
Su compañía no es mejor que la soledad, pero al menos son un viejo mal conocido. Disfrutan de su tiempo jactándose de mi, recordándome malos momentos, errores y la localización de heridas que no acabaron de sanar. Me apuñalan con memorias que había preferido olvidar, caigo de rodillas apoyando mis manos en el suelo, respiro nerviosamente, el miedo me aprieta el estómago y atenaza mi garganta, dándome ganas de vomitar, y a su vez impidiéndome hacerlo.
Noto como un líquido cálido gotea sobre mis manos, no estoy seguro de si son lágrimas o sangre de las heridas que mis preciados amigos están logrando abrirme, pero lo cierto es que tampoco quiero saberlo.
Estoy a punto de dejar que todo me supere, de tumbarme en el suelo y dejar que todo pase, que sigan los días hasta que el mundo vuelva a tener sentido, o deje de tenerlo para siempre, pero entonces veo algo.
Es una luz, lejana pero clara, pálida pero radiante. El solo verla dota de calor a mi maltrecho cuerpo, y devuelve la vida a mi abandonada alma. Hago a un lado la desesperación y me pongo en pie. Los demonios siguen bailando a mi alrededor, atormentándome. Cada paso supone un esfuerzo titánico, una parte de mi desea abandonarse, cree que no merece la pena, que en realidad nada merece la pena, que lo mas correcto sería aceptarlo y reducir el sufrimiento, pero la otra parte conoce la paz de esa luz.
El avance es lento, pero cada paso cuesta menos que el anterior. El agotamiento se ve superado por la vida que la luz me transmite, ese faro de esperanza me da la fuerza para avanzar. La oscuridad absoluta comienza a iluminarse mientras me acerco, pronto pasa a ser gris el color que me rodea, cada vez más claro. Entonces tropiezo. La dureza del suelo me recuerda que es el dolor, y mis maltrechos músculos me recuerdan cuanto pesa mi cuerpo al intentar levantarme. ¿Así acaba? ¿Tras tanto avance? ¿Después de haber encontrado la luz? No creo, no lo permitiré.
Comienzo a ponerme en pie. Mis músculos aúllan de dolor, miles de cuchillas se clavan en ellos, y noto como mis demonios intentan que vuelva a caer, pero también veo que son más débiles. Consigo ponerme sobre ambos pies y enderezar mi cuerpo, forzando a mis demonios a volver a la prisión de donde salieron.
Alcanzo la luz, y su calidez me baña. Acaricia con sus manos mi deteriorado rostro, y besa mis heridas para aliviar el dolor. Siento como brotan lágrimas de felicidad de mis ojos, siento como al caer al suelo parecen estar en sintonía con el mundo. Siento como caen sobre mi pecho lágrimas de angustia que la luz deja caer. Noto su preocupación a través de mi piel. Supongo que temía por mi, e imagino que también debió pasarlo mal mientras yo estaba perdido, como hizo lo posible por ser mi guía, y la impotencia que sintió cuando no lo lograba.
Me siento estúpido, tan ridículo que casi me avergüenzo de estar frente a ella. ¿Como pude pensar en rendirme?
Entreabro la boca y la aproximo a ella, siento como me llena su luz. Siento como sana las heridas restantes, como limpia la oscuridad que pudiese quedar.
Me detengo para disfrutar de la felicidad que me otorga. Me regocijo en la misma.
Sé que acabaré por caer de nuevo, que volveré a perderme, que mis demonios escaparán y volverán a torturarme. Pero también sé que ella estará allí en ese momento.
Su compañía no es mejor que la soledad, pero al menos son un viejo mal conocido. Disfrutan de su tiempo jactándose de mi, recordándome malos momentos, errores y la localización de heridas que no acabaron de sanar. Me apuñalan con memorias que había preferido olvidar, caigo de rodillas apoyando mis manos en el suelo, respiro nerviosamente, el miedo me aprieta el estómago y atenaza mi garganta, dándome ganas de vomitar, y a su vez impidiéndome hacerlo.
Noto como un líquido cálido gotea sobre mis manos, no estoy seguro de si son lágrimas o sangre de las heridas que mis preciados amigos están logrando abrirme, pero lo cierto es que tampoco quiero saberlo.
Estoy a punto de dejar que todo me supere, de tumbarme en el suelo y dejar que todo pase, que sigan los días hasta que el mundo vuelva a tener sentido, o deje de tenerlo para siempre, pero entonces veo algo.
Es una luz, lejana pero clara, pálida pero radiante. El solo verla dota de calor a mi maltrecho cuerpo, y devuelve la vida a mi abandonada alma. Hago a un lado la desesperación y me pongo en pie. Los demonios siguen bailando a mi alrededor, atormentándome. Cada paso supone un esfuerzo titánico, una parte de mi desea abandonarse, cree que no merece la pena, que en realidad nada merece la pena, que lo mas correcto sería aceptarlo y reducir el sufrimiento, pero la otra parte conoce la paz de esa luz.
El avance es lento, pero cada paso cuesta menos que el anterior. El agotamiento se ve superado por la vida que la luz me transmite, ese faro de esperanza me da la fuerza para avanzar. La oscuridad absoluta comienza a iluminarse mientras me acerco, pronto pasa a ser gris el color que me rodea, cada vez más claro. Entonces tropiezo. La dureza del suelo me recuerda que es el dolor, y mis maltrechos músculos me recuerdan cuanto pesa mi cuerpo al intentar levantarme. ¿Así acaba? ¿Tras tanto avance? ¿Después de haber encontrado la luz? No creo, no lo permitiré.
Comienzo a ponerme en pie. Mis músculos aúllan de dolor, miles de cuchillas se clavan en ellos, y noto como mis demonios intentan que vuelva a caer, pero también veo que son más débiles. Consigo ponerme sobre ambos pies y enderezar mi cuerpo, forzando a mis demonios a volver a la prisión de donde salieron.
Alcanzo la luz, y su calidez me baña. Acaricia con sus manos mi deteriorado rostro, y besa mis heridas para aliviar el dolor. Siento como brotan lágrimas de felicidad de mis ojos, siento como al caer al suelo parecen estar en sintonía con el mundo. Siento como caen sobre mi pecho lágrimas de angustia que la luz deja caer. Noto su preocupación a través de mi piel. Supongo que temía por mi, e imagino que también debió pasarlo mal mientras yo estaba perdido, como hizo lo posible por ser mi guía, y la impotencia que sintió cuando no lo lograba.
Me siento estúpido, tan ridículo que casi me avergüenzo de estar frente a ella. ¿Como pude pensar en rendirme?
Entreabro la boca y la aproximo a ella, siento como me llena su luz. Siento como sana las heridas restantes, como limpia la oscuridad que pudiese quedar.
Me detengo para disfrutar de la felicidad que me otorga. Me regocijo en la misma.
Sé que acabaré por caer de nuevo, que volveré a perderme, que mis demonios escaparán y volverán a torturarme. Pero también sé que ella estará allí en ese momento.
domingo, 21 de julio de 2013
Sueño y despertar.
Apagó el cigarrillo y se dirigió a la ventana para acabar encendiéndolo de nuevo según llegó a ella. Echó un rápido vistazo al exterior, esperando encontrar algo fuera de lo normal, algo diferente a como suponía que sería, con el fin de que ese minúsculo cambio le diese la inspiración que le faltaba.
Sobre el escritorio se encontraba su obra, llamarlo arte sería demasiado presuntuoso, o al menos eso pensaba él, en contraposición de la opinión de fans y seguidores que aguardaban que la saga continuase.
Y aquello era lo que más le torturaba, y es que los personajes que antes habían estado vivos en su interior, que le habían contado sus aventuras y hazañas ya no estaban allí. Antaño él solo tenía que narrar lo que les sucedía, la propia historia se desarrollaba sola, pero las exigencias de los editores y las restricciones de contratos le habían obligado a avanzar la historia de modo distinto al que él habría elegido.
Había firmado contratos alegremente para poder escribir despreocupadamente y poder seguir comiendo día a día, pero cuando sis libros se hicieron populares los editores se agarraron a los contratos para forzarle a hacer giros de trama que hiciesen felices a sus lectores. O al menos a la mayoría de ellos, pues por lo que tenía entendido, sus primeros lectores decían que la saga había perdido fuerza, "elegancia" con la tan usada frase de "tú antes molabas".
No podía negárselo. Desde que tomase ciertas decisiones la trama había dejado de generarse sola, la historia no avanzaba por su propio pie, y él debía forzarla. Era como tirar del perro que antes te acompañaba o corría ante ti.
Se volvió hacia el escritorio, apoyó los brazos en él y se dejó caer. Se había vendido, y aún peor, había vendido a sus personajes, a esas vida que habían brotado en su mente, con los que tanto había disfrutado, con los que había reído y llorado, con los que había sufrido cuando la historia solicitaba un momento dramática, o alguna muerte. Había accedido a dejar ir a algunos a los que realmente había apreciado, todo porque la historia lo necesitaba, le había empujado a ello. Pero en cierto momento dejó de lado todo aquello, prefirió mantener un contrato.
Se negó, se sentó ante la mesa, y por primera vez en mucho tiempo escribió lo que la trama le pedía, tuvo que morir uno de los personajes principales, pero era necesario. Los editores se volverían locos, posiblemente muchos lectores se molestasen, pero se sintió bien, pues la historia volvió a la vida en su interior.
Sonrió.
Y siguió escribiendo, línea tras línea, página tras página. No le importaba perder los contratos, no le importaba dejar de ser un best seller, se alegró de que fuese a dejar de ser una lectura fácil. Si quedaban lectores que apreciaban lo que escribía perfecto, si no también. Volvía a escribir por placer.
Una lágrima, silenciosa y sutil recorrió su mejilla cuando volvió a sentir la calidez de las vidas de sus personajes en su interior, cuando los sintió saludarle y darle la bienvenida de nuevo. Ellos jamás se habían ido, simplemente él había dejado de escucharlos.
Gracias por leer, y hasta que el viento os traiga de vuelta.
Sobre el escritorio se encontraba su obra, llamarlo arte sería demasiado presuntuoso, o al menos eso pensaba él, en contraposición de la opinión de fans y seguidores que aguardaban que la saga continuase.
Y aquello era lo que más le torturaba, y es que los personajes que antes habían estado vivos en su interior, que le habían contado sus aventuras y hazañas ya no estaban allí. Antaño él solo tenía que narrar lo que les sucedía, la propia historia se desarrollaba sola, pero las exigencias de los editores y las restricciones de contratos le habían obligado a avanzar la historia de modo distinto al que él habría elegido.
Había firmado contratos alegremente para poder escribir despreocupadamente y poder seguir comiendo día a día, pero cuando sis libros se hicieron populares los editores se agarraron a los contratos para forzarle a hacer giros de trama que hiciesen felices a sus lectores. O al menos a la mayoría de ellos, pues por lo que tenía entendido, sus primeros lectores decían que la saga había perdido fuerza, "elegancia" con la tan usada frase de "tú antes molabas".
No podía negárselo. Desde que tomase ciertas decisiones la trama había dejado de generarse sola, la historia no avanzaba por su propio pie, y él debía forzarla. Era como tirar del perro que antes te acompañaba o corría ante ti.
Se volvió hacia el escritorio, apoyó los brazos en él y se dejó caer. Se había vendido, y aún peor, había vendido a sus personajes, a esas vida que habían brotado en su mente, con los que tanto había disfrutado, con los que había reído y llorado, con los que había sufrido cuando la historia solicitaba un momento dramática, o alguna muerte. Había accedido a dejar ir a algunos a los que realmente había apreciado, todo porque la historia lo necesitaba, le había empujado a ello. Pero en cierto momento dejó de lado todo aquello, prefirió mantener un contrato.
Se negó, se sentó ante la mesa, y por primera vez en mucho tiempo escribió lo que la trama le pedía, tuvo que morir uno de los personajes principales, pero era necesario. Los editores se volverían locos, posiblemente muchos lectores se molestasen, pero se sintió bien, pues la historia volvió a la vida en su interior.
Sonrió.
Y siguió escribiendo, línea tras línea, página tras página. No le importaba perder los contratos, no le importaba dejar de ser un best seller, se alegró de que fuese a dejar de ser una lectura fácil. Si quedaban lectores que apreciaban lo que escribía perfecto, si no también. Volvía a escribir por placer.
Una lágrima, silenciosa y sutil recorrió su mejilla cuando volvió a sentir la calidez de las vidas de sus personajes en su interior, cuando los sintió saludarle y darle la bienvenida de nuevo. Ellos jamás se habían ido, simplemente él había dejado de escucharlos.
Gracias por leer, y hasta que el viento os traiga de vuelta.
lunes, 18 de marzo de 2013
La crónica del séptimo día.
Antes de comenzar a contar nada, creo necesario explicar la situación. Quizá debiera decir el año en el que me encuentro, pero lo ignoro, así como el resto del mundo. Para mí hoy es por quincuajesimo tercera vez el séptimo día, pues todo acabó entonces. Me explicaré.
Desde que tengo memoria se trataba de un tema continuamente, cuando era apenas un niño despertaba gran temor entre la gente, pero a medida que fui creciendo todo el mundo acabó por tranquilizarse y lo tomó con tranquilidad, y es que, por absurdo que suene, se había calculado cuando estallaría el sol. ¡Ninguna broma! Pero afortunadamente el hecho se predijo muchos años antes (17, para ser exactos) y permitió que el gobierno mundial se organizase. Ciertamente los avances tecnológicos sucedidos en menos de dos décadas fueron impresionantes. Lo primero que se hizo fue introducir en el núcleo terrestre cargas de HT14, unos amplificadores térmicos que, utilizando el propio calor del núcleo, generaban calor adicional, solucionando el problema de la falta de calor que se daría. Paradójicamente el problema de el eje de gravitación se solucionó solo, pues se predijo que se daría una particularidad con el estallido del sol, y es que la concentración de la fuerza explosiva no sería muy grande, pero justo en el epicentro produciría lo que los científicos llamaron un "nido de polilla", el cual se basa en una zona de gran concentración de pequeños agujeros negros que se van generando y cerrando continuamente, impidiendo que se expandan, pero generando un campo gravitacional suficiente para atrapar al sistema solar, o a su mayoría.
La última parte fue la mas difícil, y la que falló. La explosión generaría dos ondas expansivas distintas, y muy seguidas que alcanzarían la tierra, y necesitábamos protegernos de ellas. Esto se solucionó a la par que la ausencia de luz. La mayor obra arquitectónica y de ingeniería jamás vista comenzó.
Toda la tierra fue cubierta por un campo de escudos de una aleación a la que llamamos "Thaleo", y se le colocó un circuito. La misión del "espejo de diamante" como algunos lo llamaron, era absorber las ondas expansivas, refractar toda la luz, y aprovechar toda esa energía para llegar al conocido como "punto de generación". Se supone que el Thaleo es capaz de absorber energía, cambiado su composición y obteniendo ciertas propiedades a medida que absorbe mayor energía. El punto donde deja de adquirir propiedades se le llamó "punto de generación", y aunque calculado, nunca se había alcanzado.
Era todo una magnífica idea, pero como siempre, algo tenía que arruinarlo. El séptimo día, una semana antes de lo que estaba previsto estalló nuestro querido sol. Una semana, ni mas ni menos. Se acertó una previsión de 17 años, y se falló por una semana, y eso significó nuestra perdición. Todo el espejo de diamantes saltó por los aires y cayó al suelo como una preciosa lluvia de espadas blancas, y en el lugar de impacto de la onda, en lo que hace tiempo fue América, se generó un vórtice electromagnético. Una tormenta constante lo cubre, y las nubes no nos permiten cruzar, ni ver lo que hay allí dentro. El gobierno mundial se replegó, y se refugió en alguna parte a salvo de el caos que mora la superficie. Por fortuna, parte de la estructura que sostenía al espejo de diamantes sigue en pie, y algunos de los fragmentos que allí siguen emiten una débil luz, iluminando levemente la eterna oscuridad. Aguanté en mi casa todo el tiempo que pude, pero sabía que antes o después tendría que salir, así que hoy, por quincuajesimo tercera vez séptimo día, salgo de mi refugio, sin estar seguro de que me encontraré.
Y antes de que se me olvide me presentaré. Me llamo Liello, y éste es mi diario.
Gracias por leer, y hasta que el viento os traiga de vuelta. P.D.: Feliz cumpleaños, espero que te guste.
Desde que tengo memoria se trataba de un tema continuamente, cuando era apenas un niño despertaba gran temor entre la gente, pero a medida que fui creciendo todo el mundo acabó por tranquilizarse y lo tomó con tranquilidad, y es que, por absurdo que suene, se había calculado cuando estallaría el sol. ¡Ninguna broma! Pero afortunadamente el hecho se predijo muchos años antes (17, para ser exactos) y permitió que el gobierno mundial se organizase. Ciertamente los avances tecnológicos sucedidos en menos de dos décadas fueron impresionantes. Lo primero que se hizo fue introducir en el núcleo terrestre cargas de HT14, unos amplificadores térmicos que, utilizando el propio calor del núcleo, generaban calor adicional, solucionando el problema de la falta de calor que se daría. Paradójicamente el problema de el eje de gravitación se solucionó solo, pues se predijo que se daría una particularidad con el estallido del sol, y es que la concentración de la fuerza explosiva no sería muy grande, pero justo en el epicentro produciría lo que los científicos llamaron un "nido de polilla", el cual se basa en una zona de gran concentración de pequeños agujeros negros que se van generando y cerrando continuamente, impidiendo que se expandan, pero generando un campo gravitacional suficiente para atrapar al sistema solar, o a su mayoría.
La última parte fue la mas difícil, y la que falló. La explosión generaría dos ondas expansivas distintas, y muy seguidas que alcanzarían la tierra, y necesitábamos protegernos de ellas. Esto se solucionó a la par que la ausencia de luz. La mayor obra arquitectónica y de ingeniería jamás vista comenzó.
Toda la tierra fue cubierta por un campo de escudos de una aleación a la que llamamos "Thaleo", y se le colocó un circuito. La misión del "espejo de diamante" como algunos lo llamaron, era absorber las ondas expansivas, refractar toda la luz, y aprovechar toda esa energía para llegar al conocido como "punto de generación". Se supone que el Thaleo es capaz de absorber energía, cambiado su composición y obteniendo ciertas propiedades a medida que absorbe mayor energía. El punto donde deja de adquirir propiedades se le llamó "punto de generación", y aunque calculado, nunca se había alcanzado.
Era todo una magnífica idea, pero como siempre, algo tenía que arruinarlo. El séptimo día, una semana antes de lo que estaba previsto estalló nuestro querido sol. Una semana, ni mas ni menos. Se acertó una previsión de 17 años, y se falló por una semana, y eso significó nuestra perdición. Todo el espejo de diamantes saltó por los aires y cayó al suelo como una preciosa lluvia de espadas blancas, y en el lugar de impacto de la onda, en lo que hace tiempo fue América, se generó un vórtice electromagnético. Una tormenta constante lo cubre, y las nubes no nos permiten cruzar, ni ver lo que hay allí dentro. El gobierno mundial se replegó, y se refugió en alguna parte a salvo de el caos que mora la superficie. Por fortuna, parte de la estructura que sostenía al espejo de diamantes sigue en pie, y algunos de los fragmentos que allí siguen emiten una débil luz, iluminando levemente la eterna oscuridad. Aguanté en mi casa todo el tiempo que pude, pero sabía que antes o después tendría que salir, así que hoy, por quincuajesimo tercera vez séptimo día, salgo de mi refugio, sin estar seguro de que me encontraré.
Y antes de que se me olvide me presentaré. Me llamo Liello, y éste es mi diario.
Gracias por leer, y hasta que el viento os traiga de vuelta. P.D.: Feliz cumpleaños, espero que te guste.
lunes, 28 de enero de 2013
La Probeta
El silencio se adueña totalmente del espacio, haciendo que unas uñas arañando el cristal resulten un sonido atronador. El frío, seco y calmo, avanza progresivamente, devorando todo cuanto hay ante él. No hay cabida para las sombras, ni refugio en ellas, pues toda la superficie está bañada por el sol. En aquel limitado espacio bajo el cristal todo está descubierto, todo es evidente y está a una simple mirada para quien lo observa desde arriba. Al principio intentaba escapar, pero pronto se dio cuenta de que no había lugar por donde hacerlo, luego se negó a participar en el extraño experimento del que era objeto, pero de nuevo cayó en la cuenta con rapidez de que nunca había tenido posibilidad de elegir. Poco a poco se fue sumiendo en la desesperación, hasta que su mente acabó por quebrarse. Su tiempo ahora se ocupa en vagar erráticamente, recorriendo los mismos pasos una y otra vez dentro de esa cúpula de cinco kilómetros. Lo único que varía de una vez a otra es las huellas que restan de sus viajes, que más o menos profundas, más o menos distanciadas son la prueba de la existencia de tiempo anterior, y son el único refugio de su mente, el único lugar donde se resguardan los restos de su cordura.
Gracias por leer y hasta que el viento os traiga de vuelta.
Gracias por leer y hasta que el viento os traiga de vuelta.
martes, 8 de enero de 2013
Refugio
Supongo que aún cuando todo se derrumba, cuando parece que nada puede abrigarme, aún me resta esto, aún a pesar de todo siempre tendré cobijo en este rincón, o eso espero.
Me dedico a mirar atrás, solo para caer en la cuenta de cuanto dejé por el camino, como aquellas cosas que en su momento me hacían ser yo, lo que me caracterizó en distintos momentos de mi vida quedó tirado a los lados del camino. Viendo esto no puedo por menos que preguntarme cuanto de lo que ahora soy dejaré mas adelante.
Supongo que antes o después esta será una de las cosas que deje atrás, cuando ya no tenga vías para expresarme, supongo que al final acabaré por dejar de hacer todo cuanto hoy hago, haré otras cosas, pero lo que hoy me hace ser yo habrá desaparecido.
Algún día miraré atrás de nuevo, pensaré en cuanto habré cambiado y me resignaré. Acabaré por rendirme de intentar ser yo, o de intentar que mi personalidad perdure mas allá de lo que es "cómodo" y "común". Seré otro individuo mas en la marea de población, que inerte seguirá a la mayoría y se sentirá incómodo cuando actúe diferente, el hábito podrá mas que la voluntad, y entonces, aburrido y reclinado en un sillón, pensado en como fui dejando atrás los artes me preguntaré que porqué lo hice, me odiaré por abandonarlos y por haberme tornado en algo incapaz de canalizarlos, por estar encerrado dentro de mi propia vida, por haber perdido todo refugio.
Me dedico a mirar atrás, solo para caer en la cuenta de cuanto dejé por el camino, como aquellas cosas que en su momento me hacían ser yo, lo que me caracterizó en distintos momentos de mi vida quedó tirado a los lados del camino. Viendo esto no puedo por menos que preguntarme cuanto de lo que ahora soy dejaré mas adelante.
Supongo que antes o después esta será una de las cosas que deje atrás, cuando ya no tenga vías para expresarme, supongo que al final acabaré por dejar de hacer todo cuanto hoy hago, haré otras cosas, pero lo que hoy me hace ser yo habrá desaparecido.
Algún día miraré atrás de nuevo, pensaré en cuanto habré cambiado y me resignaré. Acabaré por rendirme de intentar ser yo, o de intentar que mi personalidad perdure mas allá de lo que es "cómodo" y "común". Seré otro individuo mas en la marea de población, que inerte seguirá a la mayoría y se sentirá incómodo cuando actúe diferente, el hábito podrá mas que la voluntad, y entonces, aburrido y reclinado en un sillón, pensado en como fui dejando atrás los artes me preguntaré que porqué lo hice, me odiaré por abandonarlos y por haberme tornado en algo incapaz de canalizarlos, por estar encerrado dentro de mi propia vida, por haber perdido todo refugio.
lunes, 10 de diciembre de 2012
Espera
Los minutos se hacen eternos aguardando a que acabe el día y pueda hablar un rato contigo. La sola idea es suficiente para que los nervios afloren en mi estómago, recordando lo dulce de tus labios, y lo elegante de tus líneas. Es algún tipo de dulce tortura, pues pese a que hace la espera inaguantable, de algún modo me da los ánimos para seguir esperando.
Todo esto me es ajeno, te miro a los ojos y veo mas cariño del que sé que emiten los míos, y de algún modo es reconfortante, pero no deja de resultarme extraño. Produce una agradecida calidez, mirarte a los ojos, besarte, o tenerte entre mis brazos, me hace sentir seguridad y comodidad. Tienes el don de hacer que todo resulte simple y natural, así como el poder de hacer que cada día me gustes un poco mas que el anterior.
No sé ni como seguir, este texto carece de forma o elegancia, no posee el estilo que creo poseen otros textos que escribo, pero me imperaba escribirlo, lo siento, me gustaría haber escrito algo mas bello, pero parece que carezco de la concentración suficiente.
Gracias por leer, y hasta que el viento os traiga de vuelta.
Todo esto me es ajeno, te miro a los ojos y veo mas cariño del que sé que emiten los míos, y de algún modo es reconfortante, pero no deja de resultarme extraño. Produce una agradecida calidez, mirarte a los ojos, besarte, o tenerte entre mis brazos, me hace sentir seguridad y comodidad. Tienes el don de hacer que todo resulte simple y natural, así como el poder de hacer que cada día me gustes un poco mas que el anterior.
No sé ni como seguir, este texto carece de forma o elegancia, no posee el estilo que creo poseen otros textos que escribo, pero me imperaba escribirlo, lo siento, me gustaría haber escrito algo mas bello, pero parece que carezco de la concentración suficiente.
Gracias por leer, y hasta que el viento os traiga de vuelta.
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