Inspiró hondo, a la par que sentía la hierba fresca y la tierra húmeda bajo sus pies. Bajo un sol enorme disfrutó de todas y cada una de las gotas que golpeaban su cuerpo, de cada ráfaga de viento que hacía ondear su cabello, del contraste del frío de las gotas y el calor del sol.
Se giró sobre si mismo, observando el paisaje mientras sonreía con ingenuidad. No le importó si eran las nubes de lluvia lo que cubría sus ojos, o era la luz de aquel gigantesco sol. No le importó que parte era real y cual imaginaba, no sabía si su cuerpo acabaría por helarse, o acabaría abrasado, simplemente disfrutó de mezclar las dos, de sumergirse en la locura, pasar capa tras capa, atravesándolas todas en orden y a la vez, dejó reinar al caos.
Y entre todo ese caos, en el que nada tenía sentido, donde cosas tan banales como tamaño distancia, color y forma eran completamente relativas. Y en ese instante en el que todo lo que en otros momento parecía trascendental mostraba su verdadera forma, entre todo el desorden fue perfectamente capaz de discernir lo que verdaderamente era importante. Y la reconoció a ella, sin forma ni dimensión, únicamente todo lo demás, todo cuanto ella había pasado a ser dentro de él, aquel gigantesco orbe de luz flotando en medio de nada, que transmitía calor y paz, que hacía agradable el caos, aquella llama que todo alcanzaba, pues nada estaba fuera del alcance de su abrazo.
Al abrir los ojos todo había desaparecido. No estaba la lluvia, ni el sol, no había tierra ni hierva bajo sus pies. "Todo" se había olvidado de algo que llevarse, y él agradeció que así fuese, pues ante él, en mitad de la noche se encontraba la fuente de luz calor y calma que había observado momentos antes. La forma era distinta, así como la dimensión y el color, pero bien sabía que nada de eso importaba, lo que primaba era todo el resto.
Gracias por leer y hasta que el viento os traiga de vuelta.