Se recostó en el cojín y dejó que la música le invadiera y le llevase lejos. Danzó entre letras llenas de luz y armonía evadiéndose del mundo hasta el punto de no darse cuenta de que los pasos de ella se acercaban. No importó, pues ella se supo dar a conocer besando suavemente los labios de él. Se quitó los cascos y observó aquel par de ojos que sin hablar decían tanto. Ella aprovechó la ocasión para tomar los cascos y comprobar que había estado escuchando, al tiempo que se sentaba sobre sus piernas. Sonrió al reconocer la melodía y volvió a besarle. Él la atrajo hacia sí para abrazarla, pero ella se escurrió de entre sus brazos.
-Si quieres cenar hoy vamos a tener que prepararla en algún momento.-
-¡Yo iba a cenar ahora mismo antes de que te escaqueases!- Respondió él. Ella le dirigió una mirada letal, pero acto seguido se rió.
Se pusieron en pie y se dirigieron a la cocina, y tras apañar una ensalada y proceder a comérsela volvieron al salón.
-Bueno, resuelto lo de la cena, ¿seguimos por donde íbamos?- Preguntó ella.
-No lo sé... Lo cierto es que yo ya estoy saciado con la ensalada, no tengo muchas ganas...-
Ella se sentó sobre él, se acercó a su oído y deslizó una mano bajo su camiseta.
-Retiro lo dicho, me parece que aún tengo algo de hambre.-
No creo que sea necesario relatar lo que a continuación sucedió, únicamente diré que hubo caricias y besos, gritos y susurros, y que ambos encontraron en el otro más calor del que pudiese dar ninguna llama y más cariño del que la mayoría jamás conocerán.
Es hora de retirarse, pues ahora tanto él como ella disfrutan de la paz y la calma que se aportan mutuamente, y esos son momentos en los que nadie debe intervenir.
Gracias por leer y hasta que el viento os traiga de vuelta.
sábado, 28 de diciembre de 2013
viernes, 27 de diciembre de 2013
Nuevos cantos
Por primera vez en mucho tiempo miro en mi interior y me encuentro en paz. Por primera vez desde hace demasiado tiempo me encuentro a gusto, seguro, feliz. Quizá parezca una tontería, seguramente lo sea, pero es algo maravilloso para mi. Siguen por ahí ocultos viejos miedo y temores, aún se huele el azufre de viejos demonios, pero son silenciados y quedan cegados por el suave sonido armónico y la luz que ahora siento.
Para mi resulta prácticamente algo nuevo. Siento fuerza para enfrentarme a mis males, siento tu presencia en mi sombra, custodiando mi espalda, siento tus manos sobre mis doloridos músculos y tus labios en mis heridas. Y lo adoro. Y me sé capaz de vencer solo mis males, sé que por mi propio pie puedo alzarme entre las penas, antes o después, pero gracias a ti siento renovadas fuerzas y creo posible el apenas flaquear.
Me avergüenzo de la torpeza de éstas líneas, lo cierto es que se me da mejor escribir acerca de tristeza, supongo que tengo mayor control sobre adjetivos oscuros y lúgubres, pero quería que quedase registro de la seguridad que ahora tenga, para cuando quizás vuelva a flaquear. Para cuando tenga miedo y no encuentre la fuerza para alzarme, entonces recordaré que un día me sentí inderrumbable, que hoy creí que podría con el mundo, y que en este momento no existió duda alguna de que siempre estarías a mi lado.
Y no puedo más que agradecerte todo esto, y no puedo hacerlo lo suficiente, y cuando mi rostro dirija al suelo y la pena hunda mis hombros, tráeme de vuelta aquí, hazme recordar lo que prometí, pues hoy y aquí prometo luchar frente a la pena, por perdida que esté la batalla. Por mi. Porque todo hombre es merecedor de ser feliz. Porque la felicidad parte de uno mismo. Porque la tristeza es una enfermedad contagiosa que a nadie deseo. Recuérdame esto cuando lo necesite, pues sin duda lo haré. Hoy no, espero que no mañana, pero toda fuerza flaquea, tan solo se trata de volver a ponerse en pie.
Gracias por leer y hasta que el viento os traiga e vuelta.
Para mi resulta prácticamente algo nuevo. Siento fuerza para enfrentarme a mis males, siento tu presencia en mi sombra, custodiando mi espalda, siento tus manos sobre mis doloridos músculos y tus labios en mis heridas. Y lo adoro. Y me sé capaz de vencer solo mis males, sé que por mi propio pie puedo alzarme entre las penas, antes o después, pero gracias a ti siento renovadas fuerzas y creo posible el apenas flaquear.
Me avergüenzo de la torpeza de éstas líneas, lo cierto es que se me da mejor escribir acerca de tristeza, supongo que tengo mayor control sobre adjetivos oscuros y lúgubres, pero quería que quedase registro de la seguridad que ahora tenga, para cuando quizás vuelva a flaquear. Para cuando tenga miedo y no encuentre la fuerza para alzarme, entonces recordaré que un día me sentí inderrumbable, que hoy creí que podría con el mundo, y que en este momento no existió duda alguna de que siempre estarías a mi lado.
Y no puedo más que agradecerte todo esto, y no puedo hacerlo lo suficiente, y cuando mi rostro dirija al suelo y la pena hunda mis hombros, tráeme de vuelta aquí, hazme recordar lo que prometí, pues hoy y aquí prometo luchar frente a la pena, por perdida que esté la batalla. Por mi. Porque todo hombre es merecedor de ser feliz. Porque la felicidad parte de uno mismo. Porque la tristeza es una enfermedad contagiosa que a nadie deseo. Recuérdame esto cuando lo necesite, pues sin duda lo haré. Hoy no, espero que no mañana, pero toda fuerza flaquea, tan solo se trata de volver a ponerse en pie.
Gracias por leer y hasta que el viento os traiga e vuelta.
sábado, 21 de diciembre de 2013
Otro de tantos
Como otras mil veces sucede, no sé como comenzar, y es tan habitual que no me sorprende, pues en infinitas ocasiones se me torna la parte más difícil, así que simplemente lo haré de cualquier modo, con la esperanza de que vaya tomando forma a medida que escribo.
He acabado llegando a la conclusión de que estos textos no son otra cosa que llamadas de auxilio, gritos ahogados que esperan ser oídos, mensajes en una botella que acaban por llegar a buen puerto, con la sutil diferencia de que no sé a quien pretendo que lleguen estos mensajes... ni tan solo si quiero que lo hagan. Simplemente grito desesperadamente en pos de encontrar el camino, de hallar el rumbo de vuelta a casa. Lo cierto es que funciona, antes o después acabo por encontrar como llegar de nuevo a buen puerto, quizás demasiado tarde, quizás demasiado a menudo. Pero eso no es lo que me preocupa ahora, lo que ahora me preocupa es seguir con señal de socorro y el motivo de la misma.
Estoy triste. Así de simple, así de llano, así de ilógico. Lo estúpido de estas cosas es que no se pueden combatir racionalmente, simplemente son así, sin mas, y las sientes irremediablemente. El cambio tiene que venir de dentro, el sentimiento desaparece cuando eres capaz de mirar por encima de él, pero no puedo, no ahora, no hoy. Hoy simplemente estoy triste. Mañana me levantaré sonriente, o no, quizás siga triste, pero tendré el ánimo para cambiarlo, o no, quizás siga igual que hoy, y simplemente esté triste.
Lo cierto es que no me importa. Lo cierto es que simplemente puedo sentirme decepcionado por mis palabras, por escribir lo que estoy escribiendo, me avergüenzo de decir que no soy capaz de algo así, pues sé que lo soy, y soy yo mismo el que predica con salir de las sombras lo antes posible, soy el que pide esfuerzos para que otros lo hagan, pero no ahora, no hoy.
Hoy simplemente vengo aquí a lamentarme, a bañarme en mi propia tristeza, ¿tampoco sucede nada, no? Quiero decir, no se puede ser feliz todos los días, si no hubiese días malos los buenos no tendrían sentido.
Supongo que esto último no son más que excusas. Sé que este texto no será más que motivo de vergüenza en el futuro, pero como me he hartado de repetir, hoy no me importa. Hoy solo quiero escuchar música y morirme de soledad rodeado de gente.
Mis disculpas por este terrible texto, y hasta que el viento os traiga de vuelta.
He acabado llegando a la conclusión de que estos textos no son otra cosa que llamadas de auxilio, gritos ahogados que esperan ser oídos, mensajes en una botella que acaban por llegar a buen puerto, con la sutil diferencia de que no sé a quien pretendo que lleguen estos mensajes... ni tan solo si quiero que lo hagan. Simplemente grito desesperadamente en pos de encontrar el camino, de hallar el rumbo de vuelta a casa. Lo cierto es que funciona, antes o después acabo por encontrar como llegar de nuevo a buen puerto, quizás demasiado tarde, quizás demasiado a menudo. Pero eso no es lo que me preocupa ahora, lo que ahora me preocupa es seguir con señal de socorro y el motivo de la misma.
Estoy triste. Así de simple, así de llano, así de ilógico. Lo estúpido de estas cosas es que no se pueden combatir racionalmente, simplemente son así, sin mas, y las sientes irremediablemente. El cambio tiene que venir de dentro, el sentimiento desaparece cuando eres capaz de mirar por encima de él, pero no puedo, no ahora, no hoy. Hoy simplemente estoy triste. Mañana me levantaré sonriente, o no, quizás siga triste, pero tendré el ánimo para cambiarlo, o no, quizás siga igual que hoy, y simplemente esté triste.
Lo cierto es que no me importa. Lo cierto es que simplemente puedo sentirme decepcionado por mis palabras, por escribir lo que estoy escribiendo, me avergüenzo de decir que no soy capaz de algo así, pues sé que lo soy, y soy yo mismo el que predica con salir de las sombras lo antes posible, soy el que pide esfuerzos para que otros lo hagan, pero no ahora, no hoy.
Hoy simplemente vengo aquí a lamentarme, a bañarme en mi propia tristeza, ¿tampoco sucede nada, no? Quiero decir, no se puede ser feliz todos los días, si no hubiese días malos los buenos no tendrían sentido.
Supongo que esto último no son más que excusas. Sé que este texto no será más que motivo de vergüenza en el futuro, pero como me he hartado de repetir, hoy no me importa. Hoy solo quiero escuchar música y morirme de soledad rodeado de gente.
Mis disculpas por este terrible texto, y hasta que el viento os traiga de vuelta.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)